por Joseph Massad  para Electronic Intifada                    Trad. Pamagal

Fecha de publicación: 16 de mayo 2008

Nota original en inglés: http://electronicintifada.net/content/resisting-nakba/7518

Una de las cosas más difíciles de entender en la historia moderna de Palestina y de los palestinos es el significado de la Nakba. ¿Debe Nakba verse como un evento específico que tuvo lugar y terminó en 1948, o es algo más? ¿Cuáles son las apuestas políticas de cosificar a Nakba como un evento pasado, en conmemorarlo anualmente, en reverenciarlo ante su impresionante simbolismo? ¿Cuáles son las consecuencias de hacer de Nakba un episodio histórico finito que uno lamenta pero debe finalmente aceptar como un hecho de la historia?

Sugeriría que hay muchas apuestas en todo esto, en interpretar a la Nakba como un evento del pasado, un hecho sobre el terreno que uno no puede más que aceptar, admitir y finalmente superar; en verdad que para ir hacia adelante, se debe dejar a la Nakba atrás. Algunos incluso han sugerido que si Israel reconoce y se disculpa por la Nakba, los palestinos olvidarían y perdonarían, y los efectos de la Nakba serían relegados a conmemoraciones históricas, no como la que tenemos este año.

En mi opinión, la Nakba no es ninguna de estas cosas, y el intento de hacer de este año el 60 aniversario de la vida y muerte de la Nakba, es un grave error. La Nakba, de hecho, es mucho más vieja que 60 años y aún está con nosotros, palpitando con vida y circulando por la historia y acumulando más calamidades sobre le pueblo palestino. Sostengo que la Nakba es una época histórica que tiene 127 años y continúa. El año 1881 es la fecha cuando comenzó la colonización judía de Palestina y, como todo mundo sabe, nunca ha terminado. Muchos quisieran presentar a los palestinos como viviendo en un periodo post Nakba, yo insisto que vivimos plenamente en tiempos de Nakba. Lo que hacemos este año no es un acto de conmemoración sino un acto de atestiguar el desarrollo de Nakba que continúa destruyendo Palestina y a los palestinos. Declaro, por tanto, que este año no es, para nada, el 60 aniversario de la Nakba sino un año más de resistir su brutalidad; que la historia de la Nakba nunca ha sido una historia del pasado sino indudablemente una historia del presente.

El significado de la Nakba

Nakba ha sido traducido al inglés como “catástrofe”, “desastre” o “calamidad”, estas traducciones no comprenden completamente las vivas ramificaciones de su significado árabe. La Nakba es un acto cometido por el sionismo y sus partidarios contra Palestina y los palestinos han dado a los palestinos el mankubin. El inglés no ayuda mucho en la traducción de mankubin, a menos que podamos estirar el lenguaje un poco y llamar a los palestinos personas catastrofe-adas o desastre-adas. A diferencia de la catástrofe griega, que significa zozobrar, volcar, o el desastre latino, que significa un evento desastroso que ocurre cuando las estrellas no están en la alineación correcta, la Nakba es un acto de destrucción deliberada, de calamidades exteriores sobre un pueblo, de arruinar a un país y a su pueblo con un plan bien elaborado. La palabra fue acuñada por el eminente intelectual árabe Constantine Zureik en su corto libro de agosto 1948 sobre el significado de la Nakba que estaba en curso mientras lo escribía, justo como ahora mientras escribo estas líneas.

Desde el principio, el pueblo palestino ha resistido la lógica racista y colonial de la Nakba, al luchar contra los colonialistas en los 1880’s y 1890’s, en los 1910’s, 20’s, 30’s, 40’s, 50’s,60’s, y así hasta el presente. Si la resistencia palestina falló en prevenir la expulsión masiva de la mitad del pueblo palestino y del franco robo de su nación entera, ha tenido éxito en derribar la memoria oficial sionista.De hecho, la memoria siempre ha sido un componente clave de la resistencia palestina. Cuando los palestinos insisten en llamar a su país, a sus ciudades y a sus pueblos con sus nombres originales, no sólo están resistiendo los nombres vulgares que el sionismo les ha otorgado también están insistiendo en una memoria geográfica que Israel casi ha logrado borrar físicamente. La crueldad sionista ha sido tal que Israel ha insistido por 50 años después de su creación en negar que los palestinos siquiera existen como pueblo, o como nombre; que el mismo nombre “palestinos” no debía ser pronunciado. Para los sionistas, el nombre “palestino” funciona como algún encantamiento mágico que puede destruirlos en el nivel existencial. No están necesariamente equivocados en su impresión, porque el nombre Palestino es en sí mismo la más fuerte forma de resistencia contra su memoria oficial. El nombre “palestino” también ha sido generador de continuidad en la cultura y la vida palestinas, en la identidad y nacionalidad palestinas, cosas que Israel ha tenido la esperanza de haber destruido por completo y su supervivencia siempre amenazará el recordatorio del invento de una memoria ficticia de no-Palestina, de no-palestinos.

La memoria palestina está en confrontación directa con el logro de Nakba de destruir a Palestina como una designación geográfica y es una afrenta a los continuos esfuerzos de Nakba de eliminar a los palestinos como un grupo nacional con una historia pre-Nakba. La supervivencia de los palestinos después de que empezó la Nakba, y a pesar de sus diligentes esfuerzos de borrarlos, ha hecho de la Nakba un poco menos que una exitosa victoria sionista. Es en este contexto que la insistencia de Israel de llamar a los ciudadanos palestinos de Israel “Árabes -Israelíes” está diseñada para silenciar su palestinidad. El empeño sionista de que los refugiados palestinos sean acomodados en,  y se les dé la nacionalidad de los países huéspedes, tiene como objetivo también borrar sus nombres.

La admisión definitiva de Israel, hace una década, de que había un pueblo palestino vendría con el costo de reducir el pueblo palestino a un tercio de su número total. Al firmar Oslo, Israel se comprometió con un liderazgo palestino colaboracionista, donde el precio que la Autoridad Palestina tendría que pagar por el acuerdo con Israel de nombrar a Cisjordania y Gaza palestinas con sus nombres verdaderos fue la despalestización del resto del pueblo palestino. A cambio, los líderes colaboracionistas palestinos bajo el pretexto de los Acuerdos de Ginebra, han aceptado multiplicar la población judía de Israel por un factor de tres, en donde Israel será reconocido como el estado de todos los judíos en el mundo y no sólo de los judíos que viven dentro de él, menos aún de los ciudadanos palestinos sobre quienes gobierna.

Pero este acuerdo ha fallado. Difícil como le ha sido legitimarse, la Autoridad Palestina no puede dejar de verse por lo que es: la creación de la ocupación israelí, una autoridad que en su estructura y su lógica no es diferente a todos los regímenes títeres colonialistas en Asia y África sirviendo a los amos, sin excluir el Judenraete (consejos judíos) que los nazis crearon en los guetos de la Polonia ocupada para gobernar la vida judía, recaudar impuestos y dirigir las oficinas postales, entre otros; o los Bantustans que el apartheid de Sudáfrica estableció como patrias alternativas. El intento de la Autoridad Palestina de adquirir el poder de nombrar a los pueblos de palestina y judíos falló tanto como el intento de Israel anterior a éste. Los palestinos continúan insistiendo en su nombre y en su inclusión en una nación palestina, mientras los judíos no israelíes insisten en no formar parte de la nacionalidad israelí sin importar que tanto apoyen a Israel. La política del nombramiento es la política del poder y la resistencia. El poder de nombrar crea historias ficticias en contra de realidades fundamentales. Mientras Israel ha tenido éxito al imponer realidades físicas y geográficas, su intento de borrar la memoria histórica ha fallado. Los palestinos siempre están obstruyendo la falsificación de su historia y de ellos.

Nakba es ahora

Después de que la Nakba vino a describir las acciones tumultuosas de 1948, una lucha constante se ha librado para definirla como un evento pasado y terminado en vez de una acción presente sin terminar. Esta no es una lucha epistemológica sino una de política viva. Identificar la Nakba como un evento pasado y terminado es como declarar su éxito e insistir en el carácter irreversible de sus logros. Es insistir en que ya no hay una lucha para definirla, ni una exitosa resistencia que la obstaculice. Es otorgar su legitimidad histórica y política como un hecho de la vida, pero también es dotar a todos sus efectos subsecuentes como una consecuencia natural. Así la lucha de los ciudadanos palestinos de Israel en la actualidad, de acuerdo con la narrativa sionista, no es una lucha anti-colonial normal o una que demanda derechos nacionales, éticos o civiles, sino una lucha “anormal” para invertir la Nakba.

Que Israel haya subido a 20 las leyes en los libros que institucionalizan la religión judía y los privilegios raciales en derechos y obligaciones sobre los ciudadanos no judíos, es presentado como una consagración normal de la Nakba, lo cual los palestinos continúan rechazando. De hecho, algunos líderes israelíes, más recientemente Tzipi Livni, ha sugerido que los ciudadanos palestinos de Israel deberían irse a países que les otorgarían derechos nacionales en lugar de quedarse en Israel donde siempre les serán negados derechos iguales como parte de la constante Nakba. A los palestinos les recuerdan constantemente que pueblos “mucho mayores” que ellos optaron por un auto desplazamiento de países que les negaron derechos hacia un país que se los otorgaba, concretamente los mismos judíos europeos que acudieron a la Nakba sobre los palestinos. Si los palestinos en Israel quieren quedarse en Israel, deben aceptar la normalidad de la Nakba y deben consentir en su nuevo estatus como mankubin donde no tienen y nunca tendrán derechos iguales a los judíos. Su rechazo a los efectos de la Nakba es lo que hace que los ciudadanos palestinos de Israel quieran revertir sus efectos haciendo un llamado a Israel para que derogue sus leyes racistas y se convierta en un estado israelí en vez de un estado judío. Israel y ahora el presidente Bush insisten en que los resultados de la Nakba deben ser aceptados por todos los palestinos. Que la Nakba transformó Palestina en un “estado judío”, les han dicho a los palestinos que no es reversible y que ninguna cantidad de activismo en derechos civiles o lucha nacional logrará deshacer este importante logro. Sin embargo, los ciudadanos palestinos de Israel no parecen convencidos y continúan resistiendo esta situación irreversible. No obstante, su condición, de acuerdo a Israel, no está causada por la Nakba sino por su insistencia en resistirla.

También se dice que los refugiados palestinos que languidecen en campos desde hace 60 años son como otras poblaciones refugiadas, llevadas por la guerra, las cuales llenaron el mundo de los siglos 20 y 21. Su problema no radica en las acciones sionistas de 1947-1948 que los expulsaron de su nación sino, insiste Israel, en el rechazo post-1948 de las naciones palestinas y árabes de aceptar la Nakba como irreversible y asentar a estos pobres refugiados en sus naciones huésped. Los refugiados, insiste el sionismo, sufren no por la Nakba sino por su rechazo de aceptar la Nakba y de reconocerse a sí mismos como mankubin.

Y para los palestinos en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental, los problemas no son sin duda el resultado de la Nakba  sino, insiste Israel, del rechazo árabe de aceptarla. Sus problemas nacieron en la guerra internacional de 1967 que resultó del rechazo árabe de la Nakba como un hecho inalterable. Si los palestinos y sus aliados aceptaran la Nakba como un evento pasado y terminado, las calamidades sobre ellos, que aún reclaman, terminarían inmediatamente. Insistir que la Nakba es un acto de destrucción presente y continuo que permanece inacabado es resistir reconociendo que su trabajo ha sido concluido. La resistencia palestina es lo que justifica el trabajo inacabado de la Nakba y de su constante brutalidad. Israel y sus aliados internacionales insisten en que si los palestinos hubieran aceptado la derrota y reconocido a la Nakba, si hubieran aceptado su expulsión, su ciudadanía de tercera clase dentro de Israel, y la conquista de 1967, sus calamidades hubieran terminado. La razón de las penurias que los palestinos experimentan, nos dice Israel, es que los palestinos nunca han dejado de luchar.

Los palestinos resistieron la Nakba en los 1880s, cuando los colonialistas judíos europeos los sacaron de tierras que les compraron a propietarios ausentes y les negaron trabajo en la tierra que habían labrado por siglos. La resistencia palestina tomó la forma de una importante revuelta de tres años en los 1930s contra el apoyo británico a los sionistas para causar la Nakba. Los palestinos también resistieron después de las acciones de 1947/1948 cuando la mayoría de su tierra era conquistada y confiscada por las leyes racistas del estado judío. Su constante resistencia a la Nakba en Cisjordania y Gaza, nos dicen Israel y el New York Times, es de hecho lo que provoca más Nakbas. Si los palestinos permitieran a Israel ponerlos en estado de sitio en la más grande prisión al aire libre en el mundo, llamada Gaza, sin resistencia, Israel no se vería forzada a bombardearlos y a matar a sus niños y destruir sus hogares, sólo los privaría de comida y los mantendría dentro de muros de apartheid. Si tan solo los palestinos aceptaran el estatus de mankubin, la Nakba, como un proceso sin terminar, estaría finalmente terminada. Esta lógica de conquista no es para nada excepcional, ni está limitada a los israelíes. Más recientemente, ¿no fue la resistencia iraquí un obstáculo para la finalización de la misión invasora americana, de la cual el presidente Bush declaró hace cinco años  “está Consumada”? Es la resistencia iraquí a la destrucción, por  la llegada de los americanos en Irak, lo que fuerza a continuar el proceso americano de destrucción y a la misión americana de permanecer inacabada.

Racismo sionista

¿Pero qué es lo que los palestinos continúan resistiendo de la Nakba que los israelíes continúan infligiendo sobre ellos? En corto, sus resultados y sus victorias. Una vez Moshe Dayn describió elocuentemente la Nakba como sigue: “los pueblos judíos fueron construidos en el lugar de los pueblos árabes. Ustedes no saben ni los nombres de esos pueblos árabes, no los culpo, porque esos libros de geografía ya no existen. No sólo los libros no existen, tampoco los pueblos árabes están ahí. Nahalal surgió en lugar de Mahlul, Gvat en lugar de Jibta, Sarid en lugar de Haneifa, y Kfar-Yejoshua en lugar de Tel-Shaman. No hay un solo lugar construido en este país que no tuviera una población árabe anterior.”

El éxito de la resistencia palestina a la Nakba ha forzado un proceso similar de renombrar las victorias sionistas e israelíes que ahora es adoptado a lo largo de muchos en el mundo, y aún, aunque en una moda mucho más limitada, en losEEUU. Para hacer eco de Dayan: la resistencia y victimización palestina reemplazó las conquistas y victorias sionistas. Muchos de ustedes ni siquiera saben los nombres de estas victorias sionistas, y no los culpo, porque los libros de historia y propaganda sionista que una vez las legitimaron ya no son consideradas legítimas. No sólo estos libros y esta propaganda han perdido legitimidad, sino que tampoco las victorias sionistas e israelíes son reconocidas como tales. La Nakba surgió en lugar de “la guerra de independencia de Israel,” el apartheid reemplazó a “la soberanía judía,” la expulsión de los palestinos reemplazó al “Plan Dalet,” o aun al “regreso de los judíos a su patria ancestral,” el racismo institucional y legal reemplazó a la “democracia israelí,” los ciudadanos palestinos de Israel reemplazaron a “los árabes israelíes,” el pueblo palestino reemplazó a “las comunidades no judías en Palestina” como la Declaración Balfour las había descrito, y el maftul palestino fue reemplazado por “el couscous” israelí que sigue tratando de reemplazar al maftul palestino. No hay una sola victoria sionista en esta nación a la que los palestinos no se hayan resistido o a la que hayan desafiado.

Los palestinos han resistido y resistido al Nakba con tenacidad y un rechazo a abandonar sus tierras; con huelgas, manifestaciones y desobediencia civil; con arte, música y danza; con poesía, teatro y literatura; al escribir su propia historia y defendiendo su propia geografía; con apelaciones a cortes de justicia locales e internacionales y a las Naciones Unidas. También los palestinos han resistido y resisten la Nakba con piedras y armas. La negativa a los derechos palestinos de resistir (garantizado y considerado legal  por el derecho internacional) no está sin embargo confinado al uso de sus armas, sino igualmente a su uso del arte, libros, música, manifestaciones aun de la presentación de apelaciones a las NU, de enseñar historia palestina, de narrar la Nakba, o de recordar y conmemorarla.

La Nakba que los planificadores sionistas concibieron desde fines del siglo 19 incluia la toma de toda Palestina, la expulsión de toda la población árabe nativa, y su interpretación del Arabrein (1), continúa rápidamente. Aunque las adquisiciones de tierra empezaron en los 1880s y el robo masivo de la nación ocurrió en 1948, Israel no ha sido aún capaz de tomar la tierra completa. La constante confiscación de tierras en Jerusalén oriental y en Cisjordania, hoy, es parte de la continua Nakba. Los planes sionistas de hacer Israel Arabrein también continúa rápidamente. Si ahora Israel no es capaz, ante las leyes internacionales, de expulsar a todos los palestinos ha concebido una ingeniosa alternativa concretamente colocar a todos los que no puede expulsar detrás de un muro de apartheid que llamará estado palestino y hacer planes para expulsar a aquellos que residan fuera de este muro de apartheid, a saber los ciudadanos palestinos de Israel, hacia adentro del muro. El resultado final será de hecho un Arabrein Israel fuera del muro. Estos esfuerzos de la Nakba han sido perseguidos activamente en el presente con la colaboración de la Autoridad Palestina y los gobiernos árabes bajo el financiamiento de EEUU.

La destrucción de más de 500 pueblos palestinos no tuvo lugar en 1948 pero es un proceso constante de años después de la conquista sionista. La expulsión de los palestinos de sus tierras comenzó en los 1880s con una mucho más grande expulsión dentro y fuera de Palestina empezando en serio en noviembre de 1947. Es crucial recordar que las fuerzas del sionismo expulsaron a 400,000 palestinos de sus tierras antes del 14 de mayo de 1948. Muchos cientos de miles más serían expulsados en los siguientes meses y años, durante todos los 1950s y otra vez desde 1967. La expulsiones no han terminado. La presencia de palestinos es lo que provoca a Israel a expulsarlos. Si los palestinos aceptaran desplazarse a sí mismos y dejar Palestina, les dice Israel, no habría más expulsiones. Debo señalar aquí que la insistencia sionista en el auto-desplazamiento no está dirigida sólo a los palestinos. Desde sus comienzos hasta ahora, Israel y el sionismo siempre han recomendado, y continúan haciéndolo, que los judíos de todo el mundo se desplacen a sí mismos y vengan a Israel. Como los palestinos, la mayoría de los judíos fuera de Israel continúan resistiendo el llamado de Israel de desplazarse a sí mismos. Ya que Israel no es capaz de forzar a los judíos que están fuera de sus fronteras para que se muden ahí (y hubo muchas veces cuando pudo), tiene la capacidad y la voluntad para desplazar a los palestinos sin importar qué tanto se resistan.

La resistencia es ahora

Hoy la resistencia palestina está activa en muchos frentes. Una de las campañas claves que los palestinos en Israel han montado recientemente es la de forzar a Israel a revocar su gran cantidad de leyes racistas. Una pluralidad de propuestas y documentos han sido emitidos por organizaciones palestinas en Israel, a ese efecto. Esta campaña debe ser internacionalizada. Las NU y otros foros mundiales se deben alistar en la tarea de forzar a Israel para que derogue sus leyes racistas. Este no es el intento demagógico de llamar al sionismo racismo como hizo las NU en 1975 en una resolución con fines propagandísticos, sino para demostrar cómo Israel es institucionalmente racista y que gobierna a través de leyes racistas que deben ser revocadas.

Los palestinos y sus aliados también han montado una campaña internacional de desinversión y boicot hacia Israel hasta que deje de violar el derecho internacional por su continua ocupación de Cisjordania y Gaza y para que pare sus constantes crímenes de guerra en contra de ambas, Esta es otra campaña clave que ya ha apuntado un número de victorias impresionantes.

Esto no es decir que los palestinos no continúan sufriendo en todos lados. El sufrimiento de los habitantes de Gaza ha sido el más grande en los años recientes, ya que Israel los castiga por su rechazo al gobierno de Israel en el Palaestinenserrat (consejo palestino) y de sus colaboradores impuestos en Cisjordania y los que trataron de poner en Gaza en su intento de derrocar al gobierno palestino elegido democráticamente. Los crímenes de Israel contra los habitantes de Gaza continúan a ritmo acelerado pero los Gazanos no han tenido más oportunidad que permanecer firmes y resistir.

Pero al resistir la Nakba, han atacado el corazón del proyecto sionista que insiste en que la Nakba debe verse como un evento pasado. Al resistir a Israel, los palestinos han forzado al mundo a ser testigo de la Nakba como una acción presente; una que, contrario a la sabiduría sionista, es de hecho reversible. Esto es precisamente lo que le da rabia a Israel y al movimiento sionista. La inhabilidad de completar su misión de colonizar Palestina totalmente, de expulsar a todos los palestinos, de “reunir” a todos los judíos del mundo en su colonia, los mantiene con inquietud y mantiene su proyecto siempre en el presente continuo.

Ya que Israel ha usado esta situación para proyectarse como víctima de sus propias víctimas que rehúsan reconocer su legitimidad para victimizarlos, Israel entiende no sólo en su inconsciente sino también conscientemente que su proyecto quedará reversible. La crueldad que ha mostrado y continúa mostrando con el pueblo palestino es directamente proporcional a la creencia en su habilidad de echar abajo sus logros y revertir su proyecto colonial. El problema para Israel no está en creer y conocer que no hay ni un solo lugar en su asentamiento colonial que no haya tenido una antigua población árabe, sino en su comprensión de que no hay ningún lugar, el día de hoy, en su imaginario “estado judío” que no tenga aún población árabe que lo reclama.

Que la Nakba permanece sin terminar es precisamente porque los palestinos rehúsan dejar que los transformen en mankubin. Lo que estamos presenciando en las conmemoraciones de este año, entonces, no es sólo otro año más de Nakba sino también un año más de resistirla. Aquellos que aconsejan a los palestinos que acepten la Nakba saben que aceptarla es permitirle que continúe sin trabas. Los palestinos saben que no es lo mejor. El único camino para terminar la Nakba, insisten los palestinos, es continuar resistiéndola.

Joseph Massad es profesor asociado de políticas árabes modernas e historia intelectual en la Universidad de Columbia en Nueva York. Este artículo originalemnte apareció en Al-Ahram y fue republicado en Electronic Intifada con el permiso del autor.

(1) La palabra Arabrein la acuñó en 1987 un periódico judío como respuesta a varios progroms (1a) contra los árabes en Israel. Esta palabra se reinventó de una palabra alemana empleada por los nazis y que se refería a “limpio de judíos”. Por tanto Arabrein significa “limpio de árabes”. (N.T.)

(1a) Progroms, se refire al proceso en el cual un grupo étnico es perseguido por otro grupo étnico basándose en su etnicidad o raza.(N.T.)

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comentarios
  1. […] 1958, una década después de la Nakba, las autoridades israelíes destruyeron 27,000 libros, la mayoría de ellos libros de texto […]

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