El encuentro de París demuestra que las cosas no siempre salen bien

Publicado: 10 junio, 2016 en Historias de palestin@s
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Artículo original Monitor de Oriente

por el Dr. Hani Al-Masri

Traducido de  Masarat.ps, 7 de junio 2016

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Riyad Mansour, representante palestino en la ONU

El encuentro de París para tratar el conflicto Palestina-Israel terminó tal y como estaba previsto, con malos resultados, algunos de los cuales fueron peores de lo que esperaba la autoridad palestina. Fueron tan malos que la mayoría de líderes palestinos los criticaron, aunque no eran tan malos como se estaba intentando lograr. El ministro de exteriores Riyad Al-Maliki hizo referencia al “secuestro del encuentro y la distorsión de sus resultados por parte de países relevantes, así como una declaración conjunta que no incluyó ninguna postura en firme con respecto al proceso de paz, en particular en relación a un marco temporal y a los equipos que deben monitorear los asentamientos”. Entonces, ¿qué incluyó dicha declaración?

En cuanto a Riyad Mansour, el representante palestino ante la ONU, hizo responsables a países anónimos de la difusión de una declaración en la que no hay ningún mecanismo de implementación ni marcos temporales. Según el veterano portavoz de la OLP, Dr. Hanan Ashrawi, la declaración es “una generalización que carece de medidas verdaderas, de objetivos y de un plan de trabajo tangible,así como de un trato o un compromiso entre ambas partes”. Aunque Nabil Abu Rudeineh ignoró en sus comentarios la declaración, Nabil El-Araby, secretario general de la Liga Árabe, manifestó que “El papel americano no es equitativo o justo, y los americanos también obstaculizaron la emisión de una declaración que tuviese contenido ejecutivo”.

Después de todo esto, los líderes palestinos aguardan una explicación de qué es lo que ha pasado de parte de los franceses.

El encuentro tenía el potencial de terminar con una conclusión mucho peor, como demuestra el borrador de declaración final que Kerry trató de imponer en connivencia con el país de acogida: “Aquellos que han participado en el encuentro dieron la bienvenida a una iniciativa que pretende impulsar el proceso de paz y desarrollar una serie de motivos que pueden ser presentados por las facciones internacionales, los países y las organizaciones en base a sus visiones para reconstruir la confianza y crear un entorno que conduzca a la reanudación de unas negociaciones directas y exitosas. Tal labor puede cubrir una serie de campos diversos, tales como la asociación económica, la coordinación regional y de seguridad, la construcción de los rasgos del estado, una tregua y la reanudación de la fase de transición, tal y como han delineado acuerdos previos”.

Esto significa, simple y llanamente, la extensión de la fase de transición y la reanudación de negociaciones directas bajo auspicio internacional, aparejada con la normalización de relaciones entre los países árabes e Israel a través de medidas de establecimiento de confianza, asociaciones económicas, cooperación regional y de seguridad y construcción del estado (ergo, una vuelta al laberinto de crear “instituciones estatales” bajo la ocupación).

En cuanto a la conferencia internacional que se celebrará a finales de año, ahora mismo sólo constituye una posibilidad. Si sigue adelante, entonces su papel será el descrito por el citado borrador, “aprobar esta contribución en nombre de la comunidad internacional y presentarla a las partes implicadas con el fin de reanudar las negociaciones”.

En este contexto, un experto palestino sugirió que era probable que la primera declaración hubiera sido escrita por Isaac Molho, el asesor del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

Esto no quiere decir que el documento francés presentado a los participantes antes del encuentro fuera aceptable; de hecho, también era malo, con una conclusión ambigua. Sin embargo, hacía hincapié en la importancia de establecer un estado palestino, los peligros de los asentamientos y de un marco temporal para las negociaciones, pero no para su implementación. Esto, a pesar del hecho de que una prolongada experiencia ha demostrado la verdad oculta en la declaración de Yitzhak Rabin de que “no hay citas sagradas”. El calendario bosquejado por los Acuerdos de Oslo para alcanzar un acuerdo final en mayo de 1999 y en 2005 pasó sin consecuencias; esta última fecha se corresponde con el momento en el que según la Hoja de Ruta se suponía que se establecería un estado.

Las facciones árabes en París rechazaron modificar la “Iniciativa Árabe” y acceder a la normalización con Israel por adelantado. Aunque insistieron en el establecimiento de un estado palestino con Jerusalén como capital, sin embargo, la normalización de hecho continúa produciéndose, entorno a la ilusión de una convergencia árabe-israelí para enfrentarse a Irán, y con la esperanza de que el lobby pro-israelí en EE.UU. ayude a que la postura de la potencia favorezca a los países árabes.

Según las agencias de noticias, un representante palestino recordó que Francia había hecho concesiones a Israel a pesar del hecho de que Israel había rechazado su iniciativa y que le había hecho un regalo pagado del bolsillo palestino. Esto quiere decir que el rechazo israelí pretende someter la iniciativa francesa, exigiendo que los árabes reconozcan a Israel y normalicen relaciones; Israel también planea retractarse de su promesa de reconocer un estado palestino si los esfuerzos de los franceses fracasan. Francia se disculpó ante Israel por su voto en la UNESCO y prometió retirarlo en la próxima ocasión que fuera posible. Además, París considera antisemita y anti-humanitario el boicot a Israel, y exigió que la presentación del borrador palestino de la resolución del Consejo de Seguridad en relación a los asentamientos ilegales fuera pospuesta para evitar un impacto negativo sobre la iniciativa francesa.

Fue un error apoyar la iniciativa francesa y promocionarla por el mundo en un punto tan temprano del procedimiento, antes de que fueran revelados los detalles, en particular antes de que fuera revelado el principal punto de referencia. Cualquier iniciativa debería ser juzgada por la medida en la que se adhiere a la legalidad internacional y a las resoluciones de Naciones Unidas, en particular a estas últimas en relación al reconocimiento de Palestina como “estado observador no miembro” en la ONU. Los árabes no deberían acceder a participar en un encuentro para discutir el punto de referencia para una iniciativa para después abandonar el encuentro sin una referencia. Éste es el motivo por el que Israel da la bienvenida al resultado.

También fue un error acceder a mantener un encuentro internacional sobre la causa palestina sin que participaran palestinos. Los palestinos han luchado largo y tendido por ello, y han realizado sacrificios serios para poder asistir, en particular en vista de la pésima situación regional, internacional y local. Y dejar el destino de la causa palestina en manos del denominado Cuarteto Árabe –Egipto, Jordania, Arabia Saudí y los EAU-, sin que a ello le preceda la unidad palestina, una estrategia y unas instituciones nacionales comprehensivas fue un error de juicio. En particular, dado que los árabes se encuentran en su peor momento y están buscando a toda costa aprobación americana e israelí.

Las cosas no siempre salen bien. Incluso aunque no se apruebe el borrador de declaración, refleja una agenda real que está progresando. Quienes no lo crean sólo tienen que prestar atención a las palabras de Tony Blair en referencia a unas negociaciones árabe-israelíes sin que Israel apruebe la Iniciativa Árabe de Paz. Esto significa que es necesario que se produzca un cambio radical en el texto, puesto que se basa en la disposición de los países árabes de reconocer a Israel y normalizar relaciones a cambio de que Israel se retire por completo de los territorios palestinos y árabes ocupados en 1967.

Es extraño que la postura terca y manipuladora de Israel fuera apreciada por los saudíes; el ministro de exteriores saudí Adel Al-Jubeir declaró que la posición israelí está mejorando. Esto se corresponde con las declaraciones de Anwar Eshki, el padrino de las relaciones normalizadas entre Israel y Arabia Saudí, y presidente del Centro de Oriente Medio de Estudios Estratégicos y Legales. En una entrevista con el periódico Yedioth Ahnonoth, dijo: “La Iniciativa de Paz Árabe ahora cuenta con una verdadera oportunidad de ser implementada, y los cambios regionales que se están produciendo lo permiten”. Añadió que Arabia Saudí ha cambiado y que tiene un nuevo rey, que está enviando señales a Israel de su insistencia en lograr la paz. “Tenemos intereses comunes y podemos señalar fácilmente a nuestros enemigos comunes… Arabia Saudí hoy, al contrario que en el pasado, está dispuesta a debatir las exigencias de Israel de modificar algunas de las cláusulas de la Iniciativa Árabe de Paz; lograr la paz con Israel constituye un interés estratégico de Riad.” Eshki realizó esta declaración después de que Netanyahu dijera que la iniciativa contiene elementos positivos, a pesar del hecho de que añadió que es necesario cambiar varios aspectos principales en relación a Jerusalén y al derecho de retorno de los refugiados. En resumen, esto significa que plantea eliminarlo.

Las iniciativas y contactos que se están produciendo son más que meras alusiones en los medios,” dijo el ministro de finanzas israelí Moshe Kahlon. “Existe una verdadera oportunidad de que se produzca un cambio cualitativo en la región”.

Todo lo anterior sugiere que existe el peligro de que se establezca una alianza árabe-israelí-estadounidense bajo la bandera de la causa palestina. Sin embargo, el establecimiento de tal coalición se produciría sólo a expensas de los palestinos, de igual forma que unas negociaciones árabe-israelíes para alcanzar una solución regional son lo que siempre ha querido la extrema derecha dirigida por Netanyahu. Si alcanzan esto, supondrá la liquidación de la causa palestina; si no, entonces significará su aislamiento, ya que las negociaciones con “terceras partes” seguirán enturbiando las aguas de forma indefinida. Además, por debajo de todo esto subyace que las relaciones árabe-israelíes serían completamente normalizadas, eliminando así una de las cartas que quedaban por jugar.

 

 

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