Cómo fui cesurado en The Guardian por escribir sobre la guerra de israel por el gas de Gaza

Publicado: 26 octubre, 2016 en BDS – ¿Porqué BOICOTEAR a Israel?, israel estado terriorista, Israel-sionismo = racismo
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Artículo de Insurge Intelligence

por Nafeez Ahmed                                                           Trad. Pamagal

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‘Palestina no es una historia de medio ambiente’

Después de escribir para The Guardian por más de un año, mi contrato fue terminado unilateralmente porque escribí un artículo de Gaza que fue más allá del límite. Al hacerlo, The Guardian violó la misma libertad editorial que el periódico estaba obligado a proteger bajo mi contrato. Estoy denunciándolo porque creo que es de interés público saber cómo un periódico ganador del premio Pulitzer que se proclama como la voz liberal del mundo, casualmente participa en un acto de censura para apagar la cobertura de temas que debilitan la razón fundamental de la publicidad israelí para ir a la guerra.

El gas de Gaza

Me uní a The Guardian como bloguero en asuntos del medio ambiente en abril de 2013. Antes fui autor, académico y periodista independiente por más de una década escribiendo para The Independent, Independent on Sunday, Sydney Morning Herald, The Age, The Scotsman y Le Monde Diplomatique, entre otros.

El 9 de julio de 2014, publiqué un artículo via mi Earth Inside blog en el sitio web del medio ambiente del The Guardian, exponiendo el papel de los recursos palestinos, en específico las reservas naturales de gas en alta mar, motivando, en parte, la invasión de israel en Gaza apodada ‘Operación Escudo Protector’. Entre las fuentes a las que me referí estaba un documento de política escrito por el Ministro de Defensa israelí, Moshe Yaalon de un año antes de la Operación Plomo Fundido que subraya que nunca se podría permitir que los palestinos desarrollaran sus propios recursos energéticos ya que los ingresos irían para apoyar el terrorismo palestino.

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Existencia de recursos de gas en la costa de Gaza

El artículo se ha compartido hasta ahora 68,000 veces en medio sociales y es por mucho el más popular sobre el conflicto de Gaza hasta la fecha. Contrariamente a la creencia popular, israel ha visto el control del gas de Gaza como una estrategia prioritaria durante la última década por tres razones principales.

En primer lugar, israel enfrenta una crisis de gas a corto plazo – en gran medida debido al largo plazo de entrega necesario para llevar considerables recursos de gas doméstico a producción; en segundo lugar, la administración de Netanyahu no puede tolerar ningún escenario en el que la administración palestina de Hamas tenga acceso y desarrolle sus propios recursos; en tercer lugar, israel quiere utilizar el gas palestino como un puente estratégico para fortalecer sus tratos con las dictaduras árabes cuyas poblaciones nacionales se oponen a la firma de tratados con israel.

De cualquier manera, el obstáculo mayor para que israel tenga acceso al gas de Gaza es la gestión de la administración de Hamas en la Franja, que rechaza todos los acuerdos previos que israel ha perseguido para desarrollar el gas con el Grupo British Gas (Gas Británico) y la Autoridad Palestina.

Censura en la tierra de la libertad

Desde 2006, The Guardian ha proclamado a todo volumen su propósito de ser el líder de las voces liberales en el mundo. Por años, el periódico ha patrocinado el prestigioso premio anual Libertad de Expresión del Índice de la Censura. El periódico ganó el Premio Pulitzer por su reporte sobre la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Generalmente el periódico se esfuerza por disfrazarse como defensor a la vanguardia de la lucha contra la censura, particularmente en el panorama de los medios. Es por esto que el acercamiento a mi historia del gas de Gaza es tan inquietante.

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El jefe editorial del The Guardian, Alan Rusbridger se dirige al personal del Guardian por la celebración del premio Pulitzer del periódico.

Un día después de publicarlo recibí una llamada de James Randerson, asistente editorial de noticias nacionales. Sonaba irritado y agresivo. Sin irse por las ramas James me dijo de forma directa sin vacilación que mi blog en el Guardian sería suspendido inmediatamente. No porque mi artículo estuviera incorrecto basado en hechos erróneos o escandalosamente difamatorio. No porque de alguna manera haya quebrantado alguna ética periodística o violado mi contrato. No. El artículo del gas de Gaza, dijo, “no era una historia del  medio ambiente”, y por tanto era un “artículo inapropiado” para el sitio web del medio ambiente del Guardian:

“Estás escribiendo mucho sobre historias no relacionadas con el medio ambiente, así que me temo que no tenemos otra opción. Este artículo no pertenece al sitio de medio ambiente. Debería estar en Cif [esto es, en la sección de opinión en línea del Guardian conocida como “Comment Is Free” (Comentarios libres)].”

Estaba sorprendido y un poco más que desconcertado. Como pueden leer en mi perfil del Guardian, en mi competencia estaba cubrir “la geopolítica del medio ambiente, la energía y las crisis económicas.” Eso fue lo que fui comisionado para hacer – de hecho, cuando apliqué a finales del 2012 para el blog del The Guardian, un artículo anterior que había escrito sobre el vínculo entre las operaciones militares israelíes y el gas de Gaza en el Monde Diplomatic era parte de mi portafolio.

Así que le sugerí a James que la terminación era de alguna manera una reacción exagerada. Tal vez simplemente podríamos tener una reunión para discutir asuntos editoriales y resolver juntos cuál debía ser mi misión. “Estaré muy contento de cooperar tanto como sea posible,” dije. No quería perder mi contrato. James lo rechazó terminantemente y en su lugar me dijo que mis “intereses son cada vez más sobre asuntos que pensamos que no son apropiados para lo que queremos ver publicado en el sitio del medio ambiente.”

Al final, mis respetuosas protestas no llegaron a nada. En una hora recibí un correo electrónico de un gestor de derechos en The Guardian que me informaba que habían dado por terminado mi contrato.

Bajo ese contrato, sin embargo, yo tenía control editorial sobre lo que escribía en mi blog – obviamente dentro de las atribuciones para las que me habían contratado. De mayo a abril, los blogueros del medio ambiente nos sometimos a entrenamiento y supervisión para asegurar que estuviéramos eventualmente al día para publicar en el sitio de forma independiente basados en nuestro propio juicio editorial. Los términos y condiciones que firmamos para nuestro estado bajo contrato:

“Deberán mantener regularmente Su Blog y determinarán su contenido. Publicarán sus propios mensajes que no serán sub-editados por GNM (Guardian News & Media Limited). Ocasionalmente, GNM podrá plantear temas de interés adecuados para Su Blog pero usted no tendrá obligación de incluirlos o cubrir dichos temas.”

Los términos también señalan que la terminación del contrato con efecto inmediato sólo podrá darse “si la otra parte comete una violación material de alguna de sus obligaciones bajo este Acuerdo que no sea posible remediar”; o si ” la otra parte ha cometido una violación material de alguna de sus obligaciones bajo este Acuerdo que sea capaz de remediar pero la cual no ha sido remediada dentro de un periodo de treinta (30) días después de haber recibido la notificación para hacerlo.”

El problema es que yo no había cometido ni una sola violación de ninguna de mis obligaciones contractuales. Por el contrario, The Guardian había violado su obligación contractual hacia mí en relación con mi libertad para determinar los contenidos de mi blog, simplemente porque no les gustó lo que escribí. Esto es censura.

Como señala en Índice de Censura, la “ausencia de cesura muy visible patrocinada por el estado, que predomina en muchos países alrededor del mundo, puede contribuir a la opinión generalizada de que no hay censura en este país y que no es un problema.” Sin embargo, “la censura contemporánea del Reino Unido, que se encuentra dentro de una democracia liberal” puede venir “en diferentes formas, tanto directa como indirectamente, algunas más sutiles, otras más abiertas.”

Barreras invisibles

Irónicamente, unos días después, me contactó el editor del The Ecologist – una de las revistas más importantes a nivel mundial sobre medio ambiente – que quería reimprimir mi historia sobre el gas de Gaza. Después de publicar una versión actualizada de mi artículo de Guardian, The Ecologist también publicó mi seguimiento detallado en respuesta a las objeciones impresas en The National Interest (irónicamente escrito por un contratista que trabaja para una compañía petrolera de EU que tiene inversiones en reservas de gas en altamar que se sobreponen a la marina de Gaza). Obviamente, habiendo sido expulsado por The Guardian, no podía responder a través de mi blog como lo habría hecho normalmente.

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Archivos de la Oficina de Relaciones Exteriores muestran que el gobierno del Reino Unido estuvo de acuerdo con israel en que el gas de Gaza podría ser una fuente barata del “recurso provisional” mientras israel lleva a producción a sus propios campos.

Ese seguimiento se tomó de una serie de fuentes de registros públicos, incluyendo importantes negocios y publicaciones financieras así como documentos oficiales de la cancillería británica (FCO) obtenidos en el marco de la Libertad de Información. Esta última confirmó que a pesar de los descubrimientos masivos de gas doméstico en las propias aguas territoriales de israel, la incapacidad para arrancar la producción debido a una multitud de asuntos burocráticos, tecnológicos logísticos y regulatorios – sin mencionar las incertidumbres reales en las cantidades de recursos explotables comercialmente – significan que israel podría enfrentar retos de suministro de gas tan pronto como el año próximo. Los propios campos de gas de israel probablemente no podrán llevarse a producción sino hasta 2018-2020. Los funcionarios israelíes, de acuerdo a la FCO (oficina de la cancillería británica), vieron los 1,4 trillones de metros cúbicos de gas en la marina de Gaza (junto con otros potenciales “recursos adicionales” que están por descubrirse de acuerdo con la Administración de Información de Energía de Estados Unidos) como un “recurso provisional” barato que podría mantener tanto las necesidades de energía doméstica de israel como sus ambiciones exportadoras hasta que los campos de  Tamar y Leviatán en realidad puedan empezar a producir.

Al mencionar tales asuntos en The Guardian, parece que crucé algún tipo de barrera invisible – que este tópico era simplemente una zona vedada.

La energía es parte del medio ambiente, espera, no, no lo es, por lo menos no en Palestina

Para ilustrar el completo absurdo de la pretensión del Guardian de que una historia acerca de los recursos del gas de Gaza no es “una legítima historia del medio ambiente,” consideremos el hecho de que justo una semana antes, Adam Vaughan, el editor del sitio web del medio ambiente del Guardian, había accedido personalmente a mi siguiente artículo: Retroceso de Iraq: Ascenso de Isis fabricado por la insaciable adicción al petróleo- la cooptación del Oeste de los Estados del Golfo yihadista creó al mejor amigo de los neoconservadores: un Frankenstein islamista.’

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Un convoy de Toyotas del Estado Islámico (ISIS). Aparentemente ISIS es una historia de medio ambiente. Pero Gaza, no. Hmmm

Los titulares propuestos para las historias en las que trabajan los blogueros del medio ambiente son publicados en una hoja de cálculo compartida en Google para que los editores puedan monitorear lo que estamos haciendo y planeando publicar. Adán había visto mi titular propuesto y pidió ver el borrador el 16 de junio: “… ¿podrías mandarme éste en vista previa, por favor, antes de publicarlo? Sólo consciente de que es un tema muy delicado,” escribió en un correo electrónico.

Le envié el artículo completo con un resumen de lo que se trataba. Más tarde ese día lo localicé otra vez para saber qué pensaba y me dijo: “gracias, lo siento, sí – pienso que está bien.”

Así que un artículo sobre ISIS y su adicción al petróleo “está bien”, pero un artículo sobre el conflicto de israel con Gaza por los recursos del gas no lo está. ¿De verdad? ¿No son los recursos del gas en altamar parte del medio ambiente? Aparentemente, para el Guardian, no en Palestina, donde el medio ambiente de Gaza ha sido bombardeado hasta reducirlo a cenizas por las IDF (Fuerzas de Defensa israelíes).

El Factor Blair

Mientras tanto, la saga del gas entre israel y Gaza continúa. Hace poco más de una semana, Ha’aretz transmitió unas noticias reveladoras sobre el valor estratégico de todo esto. Citando a Ariel Ezrahi, asesor sobre energía para el enviado del Cuarteto del Medio Oriente,  Tony Blair (el Cuarteto representando a los Estados Unidos, Naciones Unidas, Unión Europea y Rusia), Ha’aretz señaló que había una razón por la que Jordania – quien recientemente ha firmado un acuerdo con israel para comprarle gas de su campo de Leviatán – había anunciado simultáneamente que tenía la intención de comprar gas de Gaza. Mientras israel  intenta reposicionarse como un importante exportador para regímenes regionales como Egipto y Turquía, el reto más grande es que “es muy difícil que ellos firmen un contrato de gas con israel, a pesar de su necesidad apremiante”, debido a lo impopular que tal medida sería para sus poblaciones nacionales.

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Ex primer ministro Tony Blair quien ahora representa al Cuarteto (EU, ONU, UE, Rusia) como enviado en el Medio Oriente.

“Si yo fuera el primer ministro de israel” dijo el asesor de energía de Blair “pensaría en cómo podría ayudar a las naciones vecinas a salir del aprieto y si israel cierra el mercado palestino del gas, eso no sería algo inteligente.” Así que israel tiene que encontrar una manera de abrir el mercado palestino del gas e integrarlo en los emergentes y complejos tratados de exportación israelí: “… sería inteligente que israel considerara al menos la contribución de la dimensión palestina para estos tratados,” dijo Ezrahi. “Pienso que es un error que israel se apresure dentro de estos acuerdos regionales sin al menos considerar la dimensión palestina y cómo puede contribuir a los intereses israelíes.”

Israel, respaldado por sus aliados en occidente, quiere usar a los palestinos “como un activo en sus esfuerzos por unirse a la red eléctrica regional y como un puente al mundo árabe” al venderle “gas palestino a varios mercados,” o promoviendo un acuerdo con las corporaciones que desarrollan [los campos de] “Tamar y Leviatán que permitirán la venta de gas barato a la Autoridad [Palestina].”

Pero ahí hay un desafío adicional al considerar la dimensión palestina, específicamente Hamas: “No me puedo reunir con gente relacionada a Hamas” dijo el asesor de energía de Blair. “Es una firme prohibición impuesta por el Cuarteto [énfasis añadido]. Tampoco los estadounidenses entran en Gaza” Así que no sólo es israel que ha descartado cualquier acuerdo de gas con los palestinos que involucre a Hamas. También lo han hecho Estados Unidos, la Unión Europea, las Naciones Unidas y Rusia.

Pero israel no tiene ningún mecanismo para eliminar a Hamas de la Franja de Gaza – excepto, en lo que respecta a Moshe Ya’alon, la acción militar para cambiar los hechos sobre el terreno.

Sobre los 70 artículos que he escrito para el Guardian ni uno solo cae fuera del tema que había sido encargado de escribir: la geopolítica está interconectada con el medio ambiente, la energía y las crisis económicas. La conclusión es inevitable: el Guardian había simplemente decidido que los conflictos sobre los recursos de los Territorios Ocupados no recibirían cobertura. Debo señalar que antes de mi artículo, el periódico nunca antes había reconocido un vínculo entre la acción militar de las Fuerzas de Defensa israelíes y el gas de Gaza. Ahora que me he ido, dudo que será cubierto otra vez.

Bueno, al menos Ya’alon, y su jefe Netanyahu, estarán felices.

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El ministro de defensa israelí Moshe Ya’alon y el primer ministro Benjamín Netanyahu

Por no hablar de Tony Blair.

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Vaya, esa sonrisa de ganador nunca envejece, ¿no es así?

Control liberal

Cuando empecé a hablar en términos de confianza a varios otros periodistas dentro y fuera del The Guardian acerca de lo que me pasó, todos me dijeron consistentemente que mi experiencia – aunque particularmente indignante – no estaba completamente sin precedentes.

Un editor senior de una publicación nacional británica que ha escrito frecuentemente para la sección de opinión del The Guardian, me dijo que estaba consciente de que toda la cobertura sobre el asunto israel-Palestina era “fuertemente controlada” por Jonathan Freedland, el editor ejecutivo para la opinión del The Guardian.

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Jonathan Freedland es el editor ejecutivo para la opinión en The Guardian

Otro periodista me dijo que un editor del Guardian le había encargado una historia sobre la supresión de la crítica de israel en discursos públicos y en los medios, pero que Freedland rechazó la historia sin siquiera haber visto el borrador.

Varios otros periodistas con los que hablé dentro y fuera del The Guardian fueron tan lejos como describir a Freedland como el ‘vigía’ o controlador no oficial del conflicto de Medio Oriente en el periódico y que invariablemente se inclina hacia el sesgo pro-israel.

Estas anécdotas han sido públicamente corroboradas por Jonathan Cook, un ex reportero del Medio Oriente, editor de noticias internacionales y columnista en el Guardian que se encuentra actualmente en Nazaret donde ha ganado varios premios por sus reportajes. Un perfil de Cook en el sitio progresivo de noticias judías Mondoweiss señala que un momento clave en la carrera de Cook ocurrió en 2001 cuando acababa de regresar de israel, donde había conducido una investigación sobre el asesinato de 13 manifestantes árabes no violentos por la policía israelí durante la segunda intifada el año anterior.

La policía, encontró Cook, había ejecutado la “política de tirar a matar” en contra de víctimas desarmadas – como fue eventualmente confirmado por investigaciones del gobierno. Pero The Guardian suprimió su investigación y decidió no publicarla en absoluto. Cook dice que si bien el periódico tiene algunos reportajes ejemplares e intuición, e incluso sale de su línea para condenar la ocupación, hay ciertas pautas que simplemente no puede cruzar, tal como cuestionar la capacidad de israel de definirse simultáneamente como un exclusivo estado judío y democrático o criticar aspectos de su doctrina de seguridad.

La crítica mordaz de Cook sobre su antiguo periódico en 2011 en un artículo de Counterpunch es muy reveladora y relevante para entender lo que me pasó a mí:

“The Guardian como otros medios de comunicación, ha invertido fuertemente – tanto financiera como ideológicamente – para apoyar el orden internacional actual. Alguna vez fue posible de excluir y ahora, en la era de internet, debe despreciar esos elementos de la izquierda cuyas ideas ponen en riesgo el cuestionamiento del sistema de poder corporativo y el control del cual The Guardian es una institución clave.

El papel del periódico, como el de sus primos de la derecha, es limitar los horizontes imaginativos de los lectores. Aunque hay suficiente debate de izquierda para hacer que los lectores crean que su periódico es plural, pero la clase de perspectivas radicales necesarias para cuestionar los mismos fundamentos en los cuales el sistema de dominación occidental descansa, no está disponible o es ridiculizado.”

El mes pasado, Cook subrayó las regulares insensibilidades sutiles de lenguaje pero poderosas empleadas por la cobertura del Guardian sobre la crisis de Gaza la cual, en efecto, sirvió para “desaparecer” a los palestinos. Identificó específicamente a Freedland como un jugador principal en este fenómeno. “El orgullo del The Guardian” al haber ayudado a crear israel es “todavía palpable en el periódico (como lo sé por mis años ahí)”, especialmente entre algunos editores senior hay “los que influyen mucho en la cobertura del conflicto – sí es una referencia a Jonathan Freedland, entre otros.”

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Gaza después de la “Operación Escudo protector” israelí

Actualización del 4 de diciembre de 2014 (10:13 a.m.) Jonathan Freedland ha ofrecido una respuesta esta mañana via TwitLonger, como sigue:

“Su artículo para Medium supone que estuve involucrado al final en su acuerdo con el Guardian. No quiero ser grosero, pero literalmente no había oído de usted o de su trabajo hasta ver el artículo de Medium, via Twitter, hace una horas. (El sitio web de medio ambiente del Guardian, donde usted escribía, es editado por separado del sitio del Guardian de Comentarios Libres, que ahora superviso.) No tenía idea que usted escribía para el Guardian, ni idea de que su contrato había sido terminado ni el más ligero conocimiento de su artículo sobre el gas de Gaza hasta hace unas horas. Lo que es más, estaba fuera del país- de vacaciones- en los días de julio que usted describe. Para decirlo sin rodeos, mi involucramiento en su caso fue exactamente cero. Espero que como asunto de su propia integridad periodística querrá cambiar su artículo de Medium para reflejar estos hechos. Tal vez también comparta en Twitter tan ampliamente como compartió el artículo de Medium ayer.”

Sin embargo, la lectura de Freedland de esta pieza es incorrecta. No estoy suponiendo que Freedland estuvo “involucrado” en el final de mi permanencia en el Guardian. No tengo ninguna prueba sobre eso, y para estar seguro, no hice ninguna recamación anterior.

Mi simple punto es que mi experiencia de la censura ofensiva del Guardian sobre la historia del gas de Gaza – la cual Freedland no aborda más allá de negar su involucramiento – tiene un largo y poco conocido contexo, sugiriendo que el que mi experiencia sea una mera aberración extraña y accidental, esto sea parte de una cultura arraigada y más amplia a lo largo del periódico en donde el mismo Freedland supuestamente ha jugado un papel clave para su promoción.

No es mi culpa que la gama de periodistas con los que hablé todos describan a Freedland como el ‘vigía’ o controlador no oficial del Guardian en la cobertura sobre israel-Palestina. Notablemente, Freedland fracasa al abordar sus alegatos de que previamente anuló historias que eran críticas a israel por motivos ideológicos en vez de razones de ‘integridad periodística’.

FIN


 

Esto no es, tal vez, completamente sorpresivo. Un libro comisionado por The Guardian, Disenchantment: The Guardian and Israel, (Desencanto: El Guardian e israel) por Daphna Baram, documenta claramente la conexión entre el periódico y el sionismo, resaltando por ejemplo que el editor CP Scott del Guardian había sido fundamental en las negociaciones con el gobierno británico que resultaron en la Declaración Balfour y de la concepción misma del estado de israel. Su conclusión es que a pesar de volverse cada vez más crítico de la ocupación después de 1967, The Guardian permanece pro sionista incondicionalmente, su personal dedica “excesivo tiempo y esfuerzo” para garantizar la “justicia a israel.”

Hacia una revolución de los medios

The Guardian, con razón, tiene la reputación de dar algunas de los más importantes noticias de la década – entre ellas, por supuesto, al jugar el papel principal en el lanzamiento de las revelaciones de Edward Snowden sobre la vigilancia masiva y las violaciones relacionadas a las libertades civiles. Sin embargo escondido entre las grietas de su cobertura está el hecho de que mientras revela hechos críticos, The Guardian ha sido incapaz de levantar el más fundamental e inquisitivo cuestionamiento sobre el propósito y la dirección de la vigilancia masiva, por qué se ha acelerado, qué la motiva y quién se beneficia de ella.

Por tanto deben hacerse preguntas del por qué un periódico que se ve como bastión del liberalismo de los medios de comunicacion globales, se ha comprometido en tan lamentable censura al cerrar la cobertura del medio ambiente geopolítico – un fenómeno que está cada vez más en el corazón no sólo del conflicto sobre los Territorios Ocupados, sino del caos de los asuntos mundiales del siglo 21.

Si este es el estado del Guardian, sin duda uno de los mejores periódicos, entonces claramente tenemos un serio problema con los medios de comunicación. Finalmente, la corriente principal en los medios de comunicación permanece bajo la inapropiada influencia de poderosos intereses especiales, ya sean financieros, corporativos o ideológicos.

Dada la escala de la crisis convergente que enfrentamos en términos de cambio climático, volatilidad energética, crisis financieras, desigualdad descontrolada, proliferación de la extinción de especies, la insensata acidificación de los mares, la crisis alimentaria, la política del militarismo extranjero y el ascenso del estado policiaco – y dada la insolvencia de muchos medios para esclarecer las verdaderas causas de estas crisis y de sus soluciones potenciales, necesitamos nuevas fuentes de información  y de noticias confiables y responsables.

Necesitamos nuevos medios de comunicación y los necesitamos ahora

Mientras los periódicos impresos van cada vez más en declive, la oportunidad de nuevos modelos de personas empoderadas en los medios digitales independientes está aumentado exponencialmente. Es por esto que lancé un crowdfunder (financiamento colectivo) para ayudar a apoyar mi periodismo y moverme hacia la creación de un nuevo periodismo de investigación colectivo que funcione para el interés público, precisamente porque no estará financiado por corporaciones o ideologías, sino por personas. Si podemos crear nuevas plataformas periodísticas que dependan para su superviviencia de los mismos ciudadanos, entonces es en el interés de los ciudadanos que funcionarán esas plataformas. Hasta entonces, el periodismo de investigación valiente y antagonista siempre estará en peligro de ser acallado o comprometido.

Creo que juntos, podemos crear nuevos modelos de personas empoderadas en el periodismo que harán que los viejos conglomerados jerárquicos de los medios de comunicación dominados por intereses especiales y visiones paternalistas del mundo, sean obsoletos. Entonces, si quiere puede darse una vuelta por mi Patreon.com crowdfunder para INSURGE INTELLIGENCE, un verdadero periodismo colectivo de investigación independiente empoderado que permanecerá dedicado a sacar las grandes historias que importan, sin importar qué. Comprométase tanto como quiera y únase a la revolución de medios de comunicación que viene.

El Dr. Nafeez Ahmed es un periodista de investigación, autor reconocido y académico en seguridad internacional. Antes del The Guardian escribe la columna el “Cambio de Sistema” para la revista VICE Motherboard y es el ganador del Premio Proyecto Censurado 2015 por su destacado periodismo de investigación en su trabajo en The Guardian. Es autor de La Guía del Usuario para la Crisis de la Civilización: Y cómo salvarla (2010) y la novela de ciencia ficción Punto Cero, entre otros libros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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