Israel como una distorsión del judaísmo y del moderno estado-nación

Publicado: 25 enero, 2018 en israel estado terriorista, Israel-sionismo = racismo

por Roland Nikles  20 enero 2018                                       Trad. Pamagal

Mondoweiss

En Sovereign Jews: Israel, Zionism, and Judaism, Jacobo Yadgar explora los caminos por los cuales el pensamiento sionista e Israel como estado hacen frente a las tradiciones judías que los precedieron. La soberanía judía moldea la identidad judía en israel, con profundas implicaciones para los no-judíos en israel y para la identidad de los judíos tanto en israel como en la diáspora.

Identidad judía pre-religiosa

La “religión”–como algo interno y privado– es un concepto que apareció durante el Renacimiento y la Ilustración junto con la noción de “estado nación” y “secular”, dice Yadgar. (Para un poco más de información sobre esto, vea mi publicación anterior aquí). Durante la mayoría de la existencia judía, el judaísmo fue público y político, no religioso y privado como en el sentido moderno.

Cuando pensamos en el culto de sacrificio de los israelitas centrado en el Templo de Eretz Yisrael, vemos una práctica que era pública, comunitaria y política. Durante el ascenso de los Askenazi (500-1,000 e.c), dice Norman Cantor, vemos una comunidad judía que se hizo rica y poderosa y que combinó la condición de pueblo, el cumplimiento de la ley judía y la política. Por 500 años, los judíos tuvieron el virtual monopolio de la banca y el crédito en Europa Occidental. Los judíos se convirtieron en el gremio de los grandes comerciantes y financieros de principios de la Edad Media. Esta comunidad judía estaba gobernada por una estrecha élite rabínica-capitalista, dice Cantor. Las familias ricas de banqueros y comerciantes se casaban con prestigiosas familias de rabinos y juntos, esta élite, impuso la ley judía en la comunidad judía. ¿Cuál era la identidad de estos primeros judíos askenazi? Veían a su comunidad local como a sus gobernados, mantenían (y eran mantenidos) separados del cristianismo que los rodeaba y estaban guiados por la élite rabínica capitalista. Al mismo tiempo, deben haberse sentido en conexión con otras comunidades semejantes alrededor de Europa Occidental y alrededor de la cuenca del Mediterráneo, todos acatando la misma ley judía (halakha) y ligados a través de una vasta red de comercio y regulaciones rabínicas. El judaísmo en la Edad Media era público y político, no un asunto individual, de fe privada.

La calidad pública, política y comunitaria del judaísmo sólo se fortaleció cuando los judíos perdieron el monopolio en la banca y las finanzas en el siglo 11 y las fortunas judías decrecieron por un aumento significativo del anti-semitismo* cristiano. Los judíos fueron expulsados de Gran Bretaña en 1290 y no se les permitió regresar  sino hasta 1657; fueron expulsados de Francia en 1306; de España y Portugal en 1492.

Y cuando los judíos se mudaron a Alemania y a las tierras orientales de Polonia, Lituania y Galicia, el yiddish se convirtió en su idioma en común. El aislamiento y la separación con las comunidades cristianas que los rodeaban así como la observancia de la ley judía, se intensificaron. El vínculo de la gente se fortaleció.

En el Talmud, dice Yadgar, los rabinos relatan que después de la caída de Jerusalén en el 70 e.c., Dios ordenó que su pueblo aceptara la vida en el exilio y que de forma obediente se sometiera a vivir bajo la soberanía extranjera. La ausencia de soberanía se convirtió en un pilar del pensamiento político judío. Esta tradición rabínica del exilio destacó la ley judía como la base de la identidad judía: ley, que gobierna cada aspecto del individuo y de la vida en comunidad.

A través de la Edad Media esta identidad comunitaria, política pero no soberana, basada en la observancia del halakha, una cultura y un idioma Yiddish cada vez más compartido sirvió como una identidad colectiva judía.

El reto de la Ilustración

Al inicio de los siglos 12 y 13, Europa Occidental vio un gran resurgimiento de la filosofía aristotélica y la ciencia que finalmente florecieron en el Renacimiento y la Ilustración. Un siglo de guerras religiosas provocadas por la Reforma terminaron en 1648 con la Paz de Westfalia dando lugar a los modernos estados nación y a la idea de la soberanía territorial.

El concepto moderno del estado nación europeo, “más allá de reafirmar el monopolio del estado sobre el uso de la violencia”, dice Yadgar, se esfuerza para crear y preservar “una total identificación entre soberanía, territorio e identidad.” Las personas que viven dentro de los límites del estado se convierten en ciudadanos y su identidad se ve envuelta con el estado.

Para lograr esta combinación de soberanía, territorio e identidad, el estado se hizo secular y la iglesia subordinada al estado. El cristianismo se transformó en “religión:” algo privado e interno un impulso separado y distinto de las actividades seculares de la política y la economía. La esencia de esta religión es la creencia, la fe. Permite a la gente ser católica o protestante (y por ahora Budista. Musulmana, Hinduísta, Wiccan (1), brujos o ateos) y todavía ser leal francés, inglesa, alemán o americana al mismo tiempo.

La identidad judía, basada en su piedra angular de halakha y la lealtad a la tribu gobernada por una élite rabínica-capitalista, no era fácilmente adaptable a este estado nación moderno con su trinidad de soberanía, territorio e identidad.

Convirtiendo el judaísmo en religión

El haskala alemán (o ilustración) dice Yadgar, buscó resolver esta tensión entre la adhesión a la ley judía y la lealtad al estado-nación al reconstruir el judaísmo como un asunto personal y político que no toca la esfera pública. Moisés Mendelssohn dio una nueva disposición a la ley judía como religión. El estado, argumentó, es por definición la parte que trata con el poder y la violencia, mientras la religión, en el verdadero sentido del término, no lo hace. Ya que el judaísmo no trata con poder, dice Mendelssohn, no impide la lealtad al estado. Al girar el judaísmo hacia la religión, Mendelssohn allana el camino para una asimilación exitosa de los judíos dentro de las modernas naciones estado europeas no judías.

El movimiento reformista judío en Alemania, y después en los Estados Unidos, apunta Yadger, resolvió cualquier tensión entre el compromiso a la ley judía  y el compromiso a la nación-estado secular al renunciar, en términos prácticos, a la ley judía. Firmemente leal a la nación-estado, el movimiento de reforma reinterpretó el judaísmo como un logro espiritual cuya esencia es apolítica, la religión.

La ortodoxia fue una reacción. Sin embargo, dice Yadgar, la ortodoxia acepta la premisa básica de Mendelssohn de que el judaísmo es una religión que de ninguna manera entra en conflicto con el moderno estado-nación. La ortodoxia enfatiza toda la naturaleza que abarca el judaísmo. Sin embargo, también acepta que el judaísmo, y especialmente la ley judía, son por definición no políticas. La ortodoxia está de acuerdo con Mendelssohn en que la religión judía no es coercitiva y se preocupa sólo por el corazón y la mente.

Pero la ortodoxia, a diferencia de la Reforma, es anti-asimilación. Su auto impuesto sentido de separación del resto del mundo de identidades judías–sin mencionar el mundo secular– está basado en un distintivo marco conceptual cristiano occidental, uno constituido con nociones de “fe”, “espiritualidad” y la distinción entre “teología” y “política”. “La ortodoxia es en cierto sentido la más moderna de lo moderno del judaísmo al verse a sí misma como una religión a la manera del modelo protestante alemán,” asegura Yadgar (citando a Batnitzki).

Sionismo como el nuevo judaísmo

Si el haskala tomó la identidad del judaísmo y lo convirtió en una religión con objeto de incorporarse a las nuevas naciones estado europeas, el sionismo tomó esta religión y la convirtió en una herramienta del (moderno) estado-nación de los judíos.

Considere esta opinión de Shlomo Avineri y vea si lo que dice, es:

“El sionismo…substituye la auto-identidad secular de los judíos como nación por la auto-identidad tradicional y ortodoxa en términos religiosos. El sionismo no es sólo una reacción de un pueblo a la persecución. Es una cruzada por la auto-determinación y liberación bajo las condiciones modernas de secularización y liberalismo.”

Damos por sentado, dice Yadgar, que el sionismo es una revolución en la identidad judía. Los primeros sionistas que se asentaron en la tierra y construyeron israel eran militantes laicos. El Secularismo, desde su punto de vista, era un desarrollo natural de la raza humana hacia la razón, racionalidad e ilustración. Pero el sionismo era su nueva religión.

Y de hecho, si vemos a nuestro alrededor, vemos que la mayoría de los judíos en los Estados Unidos perciben su judaísmo más como un asunto de cultura y linaje que como una religión; dos tercios dicen que no es necesario creer en Dios para ser judío; un fuerte minoría no creen en Dios; y la mayoría no sigue el halakha de manera significativa. Ver Pew (2013). Los judíos israelíes no son significativamente diferentes (Pew 2016). Esto debilita cualquier noción de una observancia compartida de la ley judía dada por Dios como la piedra angular de la identidad judía. Israel, y el holocausto como su justificación, se ha convertido en la nueva piedra angular del judaísmo.

Con la secularización, dice Yadgar, la identidad judía perdió su posición normativa y pública. La observancia de la ley y kehilla (comunidad judía) que sirvió como un enfoque normativo de la existencia judía, no podía seguir haciéndolo después de la Emancipación y la Haskala. Una vez que los judíos se emanciparon, al menos en parte, del marco religioso tradicional en asuntos de práctica [mitzvoth y creencia], se vieron obligados a inculcar un nuevo significado público en su ser.

El sionismo brindó ese significado al construir una alternativa secular a la colectividad judía en la forma del estado-nación judío. Como lo dice Avineri:

“El estado de israel devolvió la dimensión normativa y pública a la vida judía. Sin que esto nunca haya sido definido, y tal vez no pueda ser definido, puede decirse que ser judío significa–más que cualquier otra cosa–sentir apego al estado de israel.”

Hoy, señala Avineri, no hay una idea o una institución “alrededor de la cual todo el pueblo judío pueda unirse, excepto israel.” El estado surge en el mismo corazón de la existencia del pueblo judío, dice Yadgar, como el único agente que inspira un contenido significativo dentro de la colectividad judía y permite a los judíos permanecer como “pueblo” cohesionado. La unidad judía emerge como dependiente del estado de israel. Pero es una perversión del judaísmo.

No sólo un estado secular: Abandona la trinidad de soberanía, territorialidad e identidad

Al construir el estado de israel, el sionismo se ha desviado de la trinidad de la Ilustración de soberanía, territorio e identidad: en Israel, la soberanía y el territorio no son coextensivos con la identidad.

El estado israelí ha forjado una identidad nacional judía, no una identidad nacional israelí. Lo ha hecho, en parte, manteniendo un registro de población que registra “judío” como “nacionalidad.” La Suprema Corte israelí ha aceptado el desafío de los ciudadanos judíos que han deseado tener su nacionalidad registrada como “israelí,” y la corte concluyó que no hay tal cosa como “nación israelí”. En otras palabras, se auto-identifica como el estado de los judíos, no de los isrelíes. El dominio de los rabinos ortodoxos en israel, sugiere Yadgar, está íntimamente ligado con este proyecto sionista. El estado afirma su soberanía sobre todos los israelíes y sobre el territorio, pero sólo algunos israelíes (judíos) son verdaderos súbditos de este estado.

Lo que el registro hace, dice Yadgar, es señalar que el judaísmo no es sólo una religión sino fundamentalmente una nacionalidad. Esta nacionalidad judía está separada por, y es superior a, la pertenencia “religiosa” judía. El registro permite permite al estado a distinguir a los judíos de los no judíos y a poner en práctica la preferencia de los primeros sobre los segundos. Esto deja a 20% de ciudadanos israelíes no judíos–sin mencionar a los 4.3 millones de palestinos viviendo bajo ocupación–aislados del carácter nacional del estado.

El estado mantiene su identidad judía al usar símbolos, fiestas nacionales, el Shabat, la educación, la publicidad, los medios y el ejército como agentes socializadores o de promoción. Los palestinos son sistemáticamente excluidos de esta socialiación. El control rabínico ortodoxo sobre sobre los eventos del ciclo de vida, las leyes kosher, la inmigración y la conversión, ayudan a evitar la formación de una identidad nacional para los no judíos.

El grado de éxito que el estado ha logrado con esta socialización es evidente en el sondeo de Pew. El estudio de Pew de judíos israelíes (3/16) revela que el 79 por ciento de los judíos israelíes dicen que los judíos merecen trato preferencial en israel. Los judíos israelíes informan universalmente (97%) que se sentirían incómodos si su hijo se casara con un ciudadano árabe palestino de Israel. Casi la mitad (48%) están “totalmente de acuerdo” en que los árabes deberían ser expulsados o trasladados de israel. Estos puntos de vista no son desafortunados accidentes de política transitoria de derecha. Reflejan el grado que israel se ha desviado de la trinidad de la ilustración de soberanía, territorio e identidad.

Es una perversión del moderno estado nación.

Estatismo del judaísmo y estatismo judío

Un corolario del estado para mantener el carácter judío, dice Yadgar, es que los judíos que están esencialmente liberados de la autoridad de las tradiciones judías, que ignoran cómodamente esa tradición, e indiferentes hacia ella, son no obstante capaces de mantener una fuerte identidad judía a través de una lealtad a israel como “estado de los judíos.” Levantando en alto la bandera del nacionalismo, los judíos seculares pueden sentirse parte del pueblo, sugiere Ahad Ha’am. Esto es cierto tanto para los judíos de israel como para los judíos de la diáspora, y puede explicar porqué los grupos sin ánimo de lucro enfocados en israel son los más grandes receptores de la filantropía de los judíos estadounidenses.

El estado de israel, sugiere Yadgar, adoptó una teología nacional basada en un mito étnico (sangre tipo J y linaje) como un sustituto para la mitología tradicional del pueblo judío basado en un pacto con Dios. No es accidente que Richard Spencer–un vocero del movimiento estadounidense de derecha alternativa–haya visto con admiración el ejemplo israelí.

El famoso ensayista y novelista israelí A.B. Yehosha ha dicho que “un sionista es una persona que acepta el principio de que el estado de israel no pertenece sólo a sus ciudadanos, sino al pueblo judío en su totalidad.” No se tiene que cumplir con el mitzvoth, o creeer en Dios, o saber nada acerca de la tradición judía para pertenecer a este sionismo judío. Bajo la extraordinariamente amplia Ley del Retorno, se les puede otorgar la ciudadanía al aterrizar en israel si se es judío (nacido de madre judía) o ser hijo o nieto de un judío, o esposo de cualquiera de estos. Ven, “porque tú eres sólo mitad judío en la diáspora,” dice Yehoshua, y en cuanto llegues el estado te brindará el contenido de tu judaísmo en bandeja de plata. No necesitas levantar un dedo.

El estado, al mantener un personaje judío presidido por ortodoxos, cumple la misma función que los sacerdotes del templo de la antigüedad: los judíos llevaban sus sacrificios a los sacerdotes del templo y éstos se hacían cargo del resto. Pero en caso del moderno estado de israel, los sacrificios traídos por los judíos, por lo demás perfectamente liberales, son los derechos políticos, los derechos civiles y los derechos humanos de los palestinos a quienes se les niega una participación igualitaria en este estado y a quienes se les niega una identidad nacional en este estado.

* El autor habla de anti-semitismo, pero supongo que se refiere a anti-judaísmo; aunque tal vez también había un anti-semitismo en el que incluye a los árabes. N. del T.

(1) También llamada hechicería pagana es un movimiento religioso desarrollado en Inglaterra a mediados del siglo XX. N. del T.

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