El problema con la ayuda internacional a Palestina

Publicado: 23 marzo, 2018 en BDS – ¿Porqué BOICOTEAR a Israel?, israel estado terriorista, Israel-sionismo = racismo

Artículo original +972 Magazine

por Liora Sion                                             Trad. Pamagal

El pueblo palestino se ha hecho dependiente de la ayuda humanitaria extranjera para sobrevivir, pero sus efectos adversos están estrangulando su economía.

Palestinos toman parte en una protesta en contra de los recortes a la ayuda que reciben, afuera de las oficinas de las Naciones Unidas en Khan Younis al sur de la Franja de Gaza, 28 de enero de 2018. Foto: Abed Rahim Khatib/ Flash90

La ayuda internacional a los palestinos es muy generosa. Las Naciones Unidas está pretendiendo juntar aproximadamente $540 millones por año para los cinco millones de palestinos que viven en Cisjordania y Gaza. Esto es mucho dinero cuando se compara a las cantidades recaudadas para otros países en crisis. Por ejemplo, en Afganistán, donde las Naciones Unidas espera recaudar $437 millones para los 34 millones de ciudadanos del país, a pesar de las enormes dificultades. En Iraq, un país con una necesidad apremiante de rehabilitación, las Naciones Unidas busca juntar $550 millones para una población de 37 millones. Cuando lo comparamos con las naciones africanas tales como Burundi ($113 millones en ayuda para 10 millones de personas) o Camerún ($304.5 millones para 24 millones de personas), la diferencia es más alarmante.

Irónicamente, a pesar de las grandes sumas, la ayuda humanitaria no ayuda solamente a los palestinos – también los perjudica. Desde la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993, los territorios ocupados han visto un constante deterioro económico y el alza del desempleo. Estos fenómenos están amarrados, por supuesto, en gran medida a los cierres del IDF (fuerzas de defensa israelíes) y a los puestos de control, que han desmembrado Cisjordania y que impiden que tanto personas como bienes puedan moverse libremente. Las organizaciones humanitarias, sin embargo, también juegan ese papel.

La mayoría de la ayuda humanitaria no se invierte en la economía palestina. De acuerdo con la Oficina para la Coordinación Humanitaria de las Naciones Unidas (OCHA), de  $539.7 millones, $289 millones están reservados para la seguridad de alimentos para residentes palestinos en los territorios ocupados. Otros 20 millones están reservados para educación, $26.9 millones para salud, $89.9 millones son para refugios temporales para palestinos cuyas casas han sido demolidas, $27 millones para coordinación, $41 millones para protección y $45.5 millones para instalaciones de saneamiento para la higiene y agua potable. casi todo el dinero está reservado para los residentes de Gaza, quienes enfrentan las mayores adversidades.

Estas cantidades aseguran que los palestinos no mueran de hambre, que reciban una buena educación y que tengan en funcionamiento un sistema de salud. Seguramente es más de lo que los residentes de otros países reciben. Pero estos fondos no están destinados para crear nuevos empleos o para construir infraestructura. La Autoridad Palestina es el principal fuente de ingreso para los residentes de los territorios ocupados que no trabajan en israel o para alguna de las agencias de las Naciones Unidas. Además, un informe reciente del Banco Mundial revela que este financiamiento ya no es suficiente para aumentar el estándar de vida en Cisjordania.

Los países donantes son parte del problema. Desde el final de la Guerra Fría, los Estados han preferido la ayuda humanitaria sobre el financiamiento para el desarrollo como una forma para influir en las políticas internacionales. La ayuda humanitaria no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para resolver conflictos y promover la construcción del Estado. Como tal, depende de los intereses de los países donantes.

La lucha de poder entre el ex Primer Ministro Salam Fayyad y el Presidente Mahmoud Abbas nos ofrece un vistazo de cómo la ayuda es utilizada como herramienta política. Fayyad buscó construir instituciones estatales funcionales y luchar contra la corrupción. Ganó el apoyo de Occidente, pero los EEUU dieron su respaldo a Abbas. A pesar de la corrupción de este último (la cual también fue permitida por EEUU), Abbas sirvió  a los intereses estadounidenses e israelíes al mantener la estabilidad en los territorios ocupados y al actuar en contra de Hamas.

Los palestinos reciben una relativamente grande cantidad de ayuda a cambio de su adhesión a la ilusión conocida como el “proceso de paz.” Muchos países tienen la voluntad de donar dinero para la educación de los jóvenes en la democracia o la igualdad de género pero no para el sector productivo. Así que la ayuda solo aumenta la dependencia palestina a la comunidad internacional. La corrupción descontrolada en la Autoridad Palestina hace el asunto peor. Las organizaciones de ayuda humanitaria han ayudado ha crear una nueva clase de empleados de la Autoridad Palestina, oficiales de policía, empresarios, y trabajadores de las ONGs que dependen de la ayuda internacional para su sustento.

Incluso cuando los países donantes están dispuestos a financiar iniciativas económicas, nadie le pregunta a los palestinos qué es lo que necesitan – a pesar del hecho de que la población palestina es relativamente educada y especializada. Los expertos, los voluntarios, la tecnología y los materiales de trabajo con frecuencia son importados de países donantes, que obtienen un rendimiento de parte de su inversión. La Unión Europea, por ejemplo, exige que todo el equipo necesario para sus iniciativas sea importado de Europa. El aumento de trabajadores humanitarios internacionales no solo lleva a una actividad económica – también tiene consecuencias negativas, incluyendo un alza meteórica en el costo de la renta en Jerusalén del Este. Los trabajadores humanitarios pueden pagar grandes sumas por viviendas que la mayoría de los palestinos simplemente no pueden pagar, excluyéndolos del mercado de alquiler.

Así, los palestinos se han convertido en receptores pasivos, frustrados y desesperados de la ayuda internacional. La irritación por la situación, que inicialmente era del dominio de las élites, se ha extendido en la sociedad palestina y ya no es poco común encontrar manifestaciones contra las agencias de ayuda como la UNRWA, USAID o la Unión Europea.

Los palestinos están entre la espada y la pared. Por un lado, necesitan la ayuda para sobrevivir. Por otro, la ayuda limita tanto a la sociedad palestina como a su economía, los hace dependientes de la asistencia extranjera, los hace acostumbrarse a la falta de productividad y finalmente los estrangula.

 

 

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