¿Por qué nadie habla de las armas nucleares de israel?

Publicado: 12 mayo, 2018 en BDS – ¿Porqué BOICOTEAR a Israel?, israel estado terriorista, Israel-sionismo = racismo

Artículo original en MintPress News

por Jeffrey Cavanaugh                                  Trad. Pamagal

El primer ministro de israel Benjamín Netanyahu muestra una ilustración mientras describe su preocupación sobre las ambiciones nucleares de Irán durante su presentación en la 67 sesión de la Asamblea general de las Naciones Unidas en la sede central de la organización.(AP Photo/Richard Drew, File)

Netanyahu quiere hablar acerca de las ambiciones nucleares de Irán, pero, ¿por qué nadie habla sobre el no tan secreto arsenal de israel?

El 3 de marzo, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu fue a Washington, D.C., y se presentó antes de una sesión conjunta del Congreso – no el Knesset – para dar un discurso sobre el peligro del programa de Irán de armas nucleares.

Netanyahu declaró que el programa nuclear de Irán, representa un peligro presente y claro no sólo al estado judío que preside, sino a toda la región y también a EEUU. En tono severo, el implicado “Senador de Tel Aviv” advirtió al Congreso que el acuerdo nuclear que Washington y Teherán estaban preparando para evitar la guerra entre ellos era un mal negocio que dejaría a Irán inaceptablemente cerca de poseer una bomba.

Según sus cálculos, con la infraestructura nuclear que el acuerdo de Washington probablemente le permita mantener a Irán en el lugar, estimó Netanyahu, que Irán podría construir un arma nuclear en un año o menos.

“Este es un mal acuerdo –un muy mal acuerdo,” recitó Netanyahu. “Nosotros estamos mejor sin él.”

No está claro exactamente quienes son el “nosotros” al que se refería Netanyahu– suponiendo, por supuesto, que uno ve algún grado de diferencia entre los intereses de EEUU e israel. Pero el mensaje que el primer ministro estaba tratando de transmitir era muy fácil de entender: Irán es tramposo y mentiroso y bajo ninguna circunstancia se le debe creer.

El elefante en la sala [1] de 200 kilotones

El centro de reactor nuclear Sorek de israel, cerca de la ciudad central israelí de Yavne.

Dejado completamente de lado por Netanyahu y en casi cualquier discusión sobre el discurso en los medios de comunicación de Estados Unidos ni una sola nota, sin importar que tan leve, el propio programa de armas nucleares de israel. De hecho, aunque las armas nucleares de israel no están declaradas y el estado no es signatario del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, la posesión de estas armas ha sido un secreto a voces desde los 1980s, cuando un técnico nuclear de bajo nivel israelí de nombre Mordechai Vanunu filtró detalles del programa a un periódico Británico. Vanunu fue arrestado, juzgado en una corte secreta y condenado. Finalmente, servirá 18 años en prisión, 11 de ellos en confinamiento solitario.

Lo que Vanunu reveló al público era ampliamente conocido en círculos oficiales por años, y en 1987 el Departamento de Defensa de Estados Unidos destacó que “en cuanto a tecnología nuclear se refiere, los israelíes están aproximadamente donde estaba Estados Unidos en el campo de las armas de fisión alrededor de 1955-1960.” El Departamento de Defensa continuó diciendo que la inteligencia de EEU creía que israel también estaba en camino a desarrollar la tecnología necesaria para producir bombas de hidrógeno, las cuales ahora se cree ampliamente que están presentes en el arsenal israelí. Aunque las estimaciones en el tamaño del inventario israelí, varían, los cálculos mínimos lo ubican en 75 armas y los máximos en 400, con la mayoría colocándolos en algún lugar entre las 100 y 200 cabezas nucleares.

El Instituto Internacional de Investigación de la Paz de Estocolmo aporta tal vez la mejor estimación, que es que israel tiene 80 armas nucleares intactas, con suficiente material para muchas más. De esas 80, dice, 50 están desplegadas en misiles balísticos de avance medio Jericó II y las 30 restantes son bombas de gravedad lanzadas por aeronaves. También hay especulación de que algunas de las armas israelíes están en el mar en sus nuevos submarinos Delfín, lo que significa que israel no sólo tiene armas nucleares, sino una completa y funcional triada de misiles, bombarderos y submarinos disuasivos. En otras palabras, israel no sólo tiene una fuerza nuclear tan grande o más grande que Corea del Norte, Paquistán o India, sino una que posiblemente se aproxima al Reino Unido en términos de tamaño y sofisticación.

La historia de la bomba israelí

Mientras hay un debate sobre el tamaño de las reservas de israel, la forma en la que israel obtuvo la bomba, en primer lugar, es mucho más conocida. Empezando poco después del nacimiento del mismo estado de israel, David Ben-Gurión dio al establishment científico de su país la misión de crear lo que se conoció en esa época como “la bomba en el sótano” una opción de último recurso que evitaría la derrota final por los ejércitos árabes, o al menos lograría que fuera terriblemente costoso. Fondos reunidos del extranjero, incluyendo contribuciones judías al estado de israel, fueron en parte canalizadas a este proyecto, y a los científicos israelíes y a los oficiales de inteligencia se les indicó que reunieran información de fuentes extranjeras sobre cómo construir una bomba.

Los mejores esfuerzos para alcanzar esto vinieron de Francia, donde una cercana relación entre el establishment francés e israelí dio a los científicos de israel el acceso a los sitios de investigación nuclear francés. También esta relación llevó eventualmente a la compra del complejo de reactor Dimona. De hecho, durante el final de los 1950s más de 2,500 técnicos expertos franceses estuvieron presentes en el lugar del reactor y operaron bajo un velo de secretismo tan fuerte que los trabajadores tenían prohibido escribir directamente a sus familiares por temor a que revelaran su ubicación. Cuando los británicos y estadounidenses los cuestionaron, los israelíes aseguraron que Dimona era un instituto de investigación de pastizales o una planta procesadora de manganeso. Sin embargo, después de que Charles de Gaulle llegara al poder en 1959, la alianza nuclear franco-israelí se enfrió– pero no sin antes de que israel fuera capaz de adquirir suficiente material y experiencia en la materia para comenzar un programa de armas independiente y de pleno derecho.

Para tener éxito, sin embargo, israel tendría que superar lo que probablemente fue su más grande obstáculo para adquirir armas nucleares: los Estados Unidos. Debe recordarse que en los primeros años de la guerra sucia, israel y EEUU no eran tan cercanos como ahora. En el mejor de los casos, israel fue visto como una molestia y un apoyo electoral para demócratas como Harry Truman, y bajo Dwight D. Eisenhower los EEUU eran activamente hostiles. De hecho, Eisehower se opuso no sólo a la participación israelí en la crisis del Suez de 1956 sino que obligó a israel así como a Gran Bretaña y a Francia a retirarse del asalto a Egipto con la cola firmemente metida entre las patas.

Aunque no tan escéptico con respecto a la utilidad de israel como aliado como Eisenhower, John F. Kennedy, no obstante, le apretó las tuercas a israel por sus ambiciones nucleares debido a la experiencia que adquirió durante la crisis de los misiles en Cuba. Al ver la necesidad de revertir la amenaza de la guerra nuclear después de la difícil situación en Cuba, Kennedy ofreció el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares al mundo y presionó a los países a firmarlo. Entre los requisitos, por supuesto, había severas inspecciones para garantizar que las instalaciones nucleares en estados no nucleares no fueran utilizadas para construir armas.

Aunque los Estados Unidos estaban conscientes del reactor israelí Dimona en 1958, cuando los vuelos U2 y las evaluaciones en tierra observaron lo que los israelíes estaban haciendo, las inspecciones del tipo que Kennedy defendía expondrían exactamente lo que los israelíes estaban tramando: sacar la ira del fóbico a la proliferación Kennedy y la entrega de un golpe de propaganda a los soviéticos y a los aliados árabes de Moscú. Eventualmente los israelíes cedieron y permitieron a los inspectores, pero lo que sucedió mientras los técnicos estadounidenses examinaban Dimona fue un asunto kabuki [2], en el que los equipos estadounidenses se vieron obstaculizados en casi todos los sentidos mediante tácticas que cualquier inspector de armas de la ONU reconocería como un intento ofuscar, distraer y hacer trampa.

Aceptación de la bomba israelí

Este escenario continuó durante el resto de la administración Kennedy, sólo disminuyendo bajo el mucho más pro-israel Lyndon Johnson, quien, como Truman, usó su apoyo a israel como un apoyo político. Es más, mientras Moscú tenía avances en Egipto y Siria y la probabilidad de guerra entre árabes e israelíes aumentaba, se tomó la decisión en EEUU y otros países occidentales de ver para el otro lado y, en efecto, permitir a los israelíes fabricar su bomba. Para 1967, en la víspera de la Guerra de los Seis Días, se cree que este consentimiento permitió a los israelíes acumular secretamente suficiente material fisible para construir una bomba nuclear bruta antes del estallido de las hostilidades el 5 de junio de ese año.

Aunque la aplastante victoria de israel en esa guerra aseguró que la bomba no sería utilizada, el aterrador encuentro entre israel y sus enemigos llevó a israel a un programa de choque dirigido a la producción masiva de armas nucleares tan rápido como fuera posible. Como en la década de 1950 hicieron uso de los recursos, el mayor obstáculo para aumentar físicamente las reservas de israel se superó en 1968 a través de una audaz operación encubierta que robó hasta 200 toneladas de uranio amarillo de una empresa minera belga que el Mossad, en una operación compleja, había enviado de Amberes a Génova y de allí a Israel.

De hecho, los belgas no fueron los únicos a quienes se robó. En un memorando sobre las actividades nucleares israelíes preparado para el presidente Richard Nixon por el mismo Henry Kissinger, este señaló que el programa nuclear de israel “es uno donde los israelíes nos han engañado constantemente y tal vez incluso nos hayan robado.” Ahora, esto los implicó aún más cuando en 1976 el subdirector de la CIA Carl Duckett informó a los funcionarios de la Comisión Reguladora Nuclear de los EEUU que la agencia sospechaba que israel se había robado unas 200 a 600 libras de uranio altamente enriquecido de una planta procesadora en Pensilvania propiedad de la Corporación Nuclear de Materiales y Equipos. Fue, de acuerdo a uno de los funcionarios enterados del secreto en ese tiempo, uno de los casos más evidentes de desvío de materiales nucleares en la historia.

Finalmente reconociendo su fracaso, la Casa Blanca bajo Johnson y después Nixon crearon el actual régimen de mentiras oficiales sobre las capacidades nucleares de israel al hacer que los israelíes se comprometieran a ser los primeros en “no introducir” armas nucleares al Medio Oriente, lo que los israelíes definieron como acuerdo de no probar oficialmente las armas o no declarar oficialmente que las tenían. Este concordato se convirtió en la base de las relaciones de EEUU e israel cuando Nixon se encontró con Golda Meier después de la intervención estadounidense en 1973 en la Guerra del Yom Kipur, la cual pudo haber sido forzada por la desesperación israelí y la amenaza implícita de israel de usar sus bombas para evitar la inminente derrota en el campo de batalla.

Un corrupto es un corrupto es un corrupto

En el contexto de la Guerra Fría, cuando las acciones de israel en contra de un cliente [3] soviético podrían haber forzado una respuesta nuclear de Moscú –una respuesta que hubiera llevado inevitablemente a un intercambio con los EEUU y sus otros aliados– tenía un sentido prominente proteger a israel para que no se viera obligado a usar sus armas y permitir que ocurriera esta cadena de eventos, que estuvo a punto de suceder realmente en 1973. En círculos oficiales de Washington puede haber privilegiado injustamente los intereses israelíes sobre casi todos los demás en el Medio Oriente, pero mantuvo una región inestable y en secreto su barril de pólvora nuclear durante el resto de lo que duró el conflicto de Estados Unidos con la Unión Soviética.

¿Pero continúa la misma lógica hoy en día? Sin duda, las relaciones entre Rusia y los EEUU son frías, pero el grado en el que los intereses de seguridad de los estadounidenses y los rusos están ligados al destino de sus estados cliente en el Medio Oriente es mucho menor de lo que alguna vez fue en el pasado. Además, las garantías de seguridad de los estadounidenses le han redituado a EEUU muy poco. A cambio de dar una protección muy amplia a israel por su silencio nuclear, los EEUU han recibido poco excepto la intransigencia de israel en el asunto de Palestina y casi ninguna ayuda en otros asuntos importantes de la región. De hecho, la misma protección a israel por parte de los Estados Unidos hace que éstos sean muy odiados en la región. La alianza de EEUU con israel es por tanto, en su mayoría, un camino de un solo sentido en donde Estados Unidos obtiene muy pocos beneficios.

Así que cuando haces clic en las noticias y ves hablar a Netanyahu acerca de los peligros de un mal acuerdo y la amenaza de un estado nuclear corrupto entiende que él sabe de lo que está hablando. Después de todo, su país tiene experiencia en hacer tontos a los inspectores y en mentir a los EEUU sobre sus intenciones nucleares. También ha robado material nuclear y ha roto numerosas leyes de derecho internacional para construir un laboratorio secreto de armas nucleares y almacenaje. Si la narrativa que ha surgido sobre lo que realmente sucedió en 1973 es correcta, incluso se ha involucrado en chantaje nuclear para salirse con la suya. Dado todo esto, uno se pregunta si tal vez israel no podría enseñarle a Irán una o dos lecciones en esta área particular del arte de gobernar.

[1] “El elefante en la sala” es un dicho de los estadounidenses cuando se refieren a un asunto imposible de ignorar pero que todos evitan mencionar.

[2] Parece que significa Repugnante impostor.

[3] Un cliente o estado cliente es un país dependiente de otro más grande o poderoso por su bienestar político, economico o militar.

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