Cuando el racismo y la segregación son percibidos como “derechos legítimos”

Publicado: 23 septiembre, 2018 en BDS – ¿Porqué BOICOTEAR a Israel?, israel estado terriorista, Israel-sionismo = racismo
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por Suhad Bishara                            Trad. Pamagal

Las protestas contra las familias árabes que se mudan a las ciudades judías son un recordatorio de que hasta que todos sean libres de elegir dónde quieren vivir, el régimen israelí continuará siendo segregacionista y racista en su esencia.

Foto ilustrativa de una manifestación de los israelíes de extrema derecha (Activestills.org)

Residentes judíos del norte de la ciudad israelí Afula protestaron la semana pasada en contra de la venta de una casa a una familia árabe y la posibilidad de que la ciudad tenga una población mixta árabe-judía. No tengo duda de que cada persona que cree en la libertad y la justicia verá esta protesta como una expresión de racismo pro-segregacionista evocador de la Sudáfrica del apartheid.

La protesta llega justo unos pocos meses después de que Sivan Yehieli, el jefe del Consejo Municipal Kfar Vradim anunció que este pueblo de pastores debía mantener su carácter judío-sionista después de que 58 ciudadanos árabes obtuvieron ofertas para construir sus hogares en el pueblo.

Dejemos una cosa en claro: 150 manifestantes no es algo anormal en israel. Sencillamente estaban expresando abiertamente la segregación racista sobre la cual se fundó el régimen de tierras de israel. Así es precisamente cómo funcionó el gobierno militar israelí sobre los ciudadanos árabes, de hecho desde 1949 hasta 1966, “limpiando” vastas franjas de tierra para asentar judíos y asegurar reservas de tierra que continuarán sirviendo exclusivamente a judíos israelíes.

El proceso de “limpieza” se implementó, además de otras maneras, a través de la construcción de cientos de nuevos pueblos y comunidades judías, así como a través del establecimiento de comités de admisión en kibbutzim, moshavim y otras comunidades.

Yehieli representa fielmente la política de planificación de las autoridades israelíes dirigida a la reingeniería demográfica en el país. Representa un sistema legal israelí que se rehúsa a permitir la implementación de su propia decisión de permitir a los residentes palestinos internamente desplazados de Iqrit and Bir’im regresar a sus pueblos, que dan luz verde a la Ley de los Comités de Admisiones, y que permite al estado desplazar a los residentes de Umm al-Hiran para reemplazarlos con ciudadanos judíos, igual que durante e inmediatamente después de la Nakba. Y podemos esperar mucho más de lo mismo.

Mujer beduina recoge sus pertenencias de las ruinas de su hogar demolido en el poblado de Umm al-Hiran, en el desierto del Negev, el 18 de enero de 2017 (Hadas Parush/Flash90)

No es coincidencia que la propuesta de ley básica del estado nación incluya una cláusula que autoriza al estado a “permitir a una comunidad, incluyendo a aquellos que pertenezcan a una religión o nacionalidad, a que mantenga una vida comunitaria separada.” Esta ley básica propuesta confirmará constitucional y normativamente la política segregacionista de israel. En efecto, la ciudadanía árabe continuará siendo contingente (que puede suceder o no, N.deT.), siempre y cuando no entre en conflicto con la condición y la supremacía judías y el “derecho” de los ciudadanos judíos de escoger vivir separados sin que otros ciudadanos saboteen su deseo de homogeneidad.

Gran parte de las críticas al racismo de los residentes de Afula se centra en la falta de desarrollo en las comunidades árabes, por lo cual los jóvenes ciudadanos árabes buscan soluciones de vivienda en las ciudades judías cercanas.

Esta forma de pensar impide concebir una situación en la cual un ciudadano árabe de israel tiene el derecho de elegir dónde quiere él o ella vivir simplemente porque le conviene vivir ahí. Cae dentro del paradigma de un régimen de tierras discriminatorio, racista y de apartheid que los obliga a encontrar una explicación circunstancial del fenómeno, en lugar de llamarlo simplemente por su nombre: racismo y segregación.

Imagine un escenario en donde el gobierno israelí tomara medidas sin precedente para distribuir tierra para el desarrollo de comunidades árabes. Imagine que iniciara desarrollando comunidades árabes de todas clases –ciudades, pueblos y comunidades agrícolas– mientras asegura también el desarrollo de zonas industriales y comerciales de acuerdo con los principios de justicia distributiva y restaurativa.

Pero, aun en este escenario, permanece el derecho de cada ciudadano árabe de decidir dónde quiere vivir – ya sea en Kfar Vradim, Tel Avivi o Afula.

En tanto las autoridades del gobierno israelí no puedan o quieran imaginar la tierra del país como abierta a todos, no podemos hablar sobre justicia o derechos constitucionales. El régimen israelí seguirá siendo segregacionista y racista en esencia. La vida segregacionista continuará siendo racista, aun bajo el disfraz de “separados pero iguales.”

Imaginen a manifestantes manifestándose contra judíos que compraran casas en una ciudad cristiana de Europa. Los israelíes los declararían racistas y antisemitas, y el primer ministro israelí seguramente comentaría que le recordaban los oscuros días anteriores al holocausto. Dentro de israel, sin embargo, una escena casi idéntica está enmarcada como tal por el ex alcalde de Afula Avi Elkabetz: “Los residentes de Afula no desean una ciudad mixta. Quieren una ciudad judía – y es su derecho. Esto no es racismo.”

Así el racismo en israel mágicamente se convierte en un “legítimo derecho” de los ciudadanos judíos.

 

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