Detrás de la Declaración Balfour Parte 4

Artículo original en el Instituto para la Revisión Histórica

por Robert John                                         Trad. Pamagal

Wilson y la Guerra

Si el contrato con los judíos era llevar a Estados Unidos a la Gran Guerra a cambio de la promesa de Palestina, ¿de hecho, cumplieron su promesa a través de Brandeis o cualquier otro?

Para los príncipes del dinero en los Estados Unidos, la evidencia apunta más a que la revolución rusa fue el factor de mayor peso para determinar su actitud.

Llamado Balfour1_iv¿Fue la reanudación del bloqueo submarino de Alemania, el hundimiento del Laconia, el telegrama Zimmerman, lo que realmente influenció a Wilson para la guerra? ¿Fue el consejo sionista de Brandeis? En un cuidadoso estudio, el profesor Alex M. Arnett mostró en 1937 que Wilson había decidido poner a los Estados Unidos en guerra del lado de los Aliados muchos meses antes de la reanudación del conflicto de los submarinos por Alemania, lo que fue promovido como una razón suficiente. [182]

En la batalla de propaganda a la opinión pública estadounidense entre Gran Bretaña y Llamado Balfour2AA_ivAlemania, la primera tenía la ventaja del idioma y del hecho de que el 5 de agosto de 1914 habían cortado los cables submarinos internacionales que vinculaban a Alemania con los Estados Unidos, eliminando así la rápida comunicación entre esos dos países dando de esta manera, a las “noticias” británicas la ventaja para formar la opinión pública.

El éxito de los métodos de la propaganda británica fueron reconocidos por un soldado alemán de ese tiempo cuando dictaba sus memorias, Mein Kampf, en 1925: “En Inglaterra, la propaganda era considerada como un arma de primer orden, mientras que para nosotros representaba la última esperanza de un sustento para nuestros políticos desempleados y Llamado Balfour3_ivun trabajo cómodo para los holgazanes del tipo heroico modesto. Tomado todo en conjunto, sus resultados fueron negativos.”

La propaganda británica retrataba la guerra como una sólo de defensa en contra del bárbaro agresor parecido a las hordas de Gengis Khan, quienes eran violadores de monjas y mutilaban a los niños, liderados por el Kaiser – representado como una bestia con forma humana, un lunático, monstruo deforme, un Judas moderno y un monarca criminal.

Las historias de que los soldados alemanes cortaban las manos de los niños belgas, crucificaban prisioneros y perpetraban toda clase de otras atrocidades que decían se practicaban en Bélgica, fueron circuladas tan ampliamente como fue posible. La historia de que hacían glicerina y jabón de los cuerpos no apareció sino hasta fines de abril de 1917, cuando nuevas historias fueron creadas por propagandistas estadounidenses. Una, un libro llamado Christine, por “Alice Cholmondeley,” una recopilación de cartas que afirmaban haber sido escritas por una niña adolescente estudiante de música dirigidas a su madre en Gran Bretaña hasta su muerte en 1914, mezclando un catálogo de incriminaciones de supuestos personajes alemanes con sentimientos emocionales por su madre y música ficticias. Expertos en propaganda lo valoraron altamente. [183]

El jefe de la sección estadounidense de la oficina de propaganda británica, Sir Gilbert Parker, pudo informar sobre su éxito en la publicación de su secreta  American Press Review hacia el 11 de octubre de 1916 antes de la elección presidencial: “Esta semana proporciona evidencias satisfactorias de la penetración en la prensa estadounidense de la influencia británica.”

Hombres de abolengo británico todavía dominan la poderosa infraestructura de la economía, llenan las posiciones en el Departamento de Estado, en las influyentes universidades orientales y en los medios de comunicación y culturales. Gran Bretaña y Francia estaban más identificadas con la democracia y la libertad y las potencias centrales con la autocracia militar imperial. Desde Oyster Bay (en Nueva York), el ex presidente Teodoro Roosevelt, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, realizó danzas de guerra de palabras en apoyo a la beligerancia.

Pero en la Convención demócrata y en la campaña posterior, fue William Jennings Bryan y sus oradores aliados quienes crearon el tema y el lema “Nos mantuvo fuera de la guerra.”

Bryan había renunciado como Secretario de Estado en junio de 1915 porque creía que Wilson estaba poniendo en peligro la neutralidad estadounidense y mostrando parcialidad hacia Inglaterra. En su última entrevista, le dijo amargamente a Wilson, “El Coronel House ha sido Secretario de Estado, no yo, y nunca tuve su (del presidente) completa confianza.”

House un adulador sigiloso y sutil que había desempeñado servicios relacionados con el Banco de la Reserva Federal y la legislación sobre la moneda para Jacobo W. Schiff y Paul Warburg, era percibido por Wilson como el “amigo que me entiende completamente,” ” mi segunda personalidad… mi yo independiente, sus pensamientos y los míos son uno.”

Bryan había querido ir a Europa en una misión de paz a principios de 1915, pero el presidente envió en su lugar a House. House de hecho había navegado en el barco británico Lusitania y mientras se acercaba a la costa de Irlanda el 5 de febrero, el capitán ordenó que la bandera estadounidense se izara.

The Intimate Papers of Colonel House (los papeles íntimos del coronel House) registran que en la mañana del 7 de mayo de 1915, él y el Secretario del Exterior británico Grey condujeron hasta Kew (distrito suburbano londinense en el barrio de Richmond). “Hablamos de la probabilidad de un transatlántico que es hundido,” anotó House, “y le dije que si esto se hiciera, una flama de indignación se extendería a través de Estados Unidos, lo que en sí mismo, probablemente nos llevaría a la guerra.” Una hora después, House estaba con el Rey Jorge en el Palacio de Buckingham. “Acabamos hablando, extrañamente,” escribió el coronel esa noche, “de la probabilidad de que Alemania hundiera un transatlántico… ” Él dijo, “Suponga que hunden el Lusitania con pasajeros estadounidenses a bordo…”

Esa noche House cenó en la embajada estadounidense. Llegó un mensaje afirmando que a las dos de la tarde un submarino alemán había torpedeado y hundido el Lusitania frente a la costa sur de Irlanda. Se perdieron 1,200 vidas incluyendo a 128 estadounidenses. Tomó 60 años para que la verdad de su carga fuera confirmada; que había llevado municiones las cuales explotaron cuando pegó el torpedo. Pero el Secretario de Estado Bryan le comentó a su esposa, “Me pregunto si ese barco llevaba municiones de guerra…Si las llevaba, ¡le pone una cara diferente a todo el asunto! Inglaterra ha estado usando a nuestros ciudadanos para proteger sus municiones.”

En un telegrama al presidente Wilson desde Inglaterra el 9 de mayo de 1915, House dice que cree que debe hacerse una demanda inmediata a Alemania para asegurarse en contra de un incidente similar.

Debo informarle (a Alemania) que nuestro gobierno espera tomar medidas… para garantizar la seguridad de los ciudadanos estadounidenses.

Si la guerra continúa, no será una guerra nueva, sino un esfuerzo por acabar más rápidamente con una vieja. Nuestra intervención salvará, en lugar de aumentar la pérdida de vidas. Ya no podemos ser espectadores neutrales.

En otro telegrama el 25 de mayo, señaló que había recibido del embajador Gerard un cable de que Alemania no necesitaba alimentos. “Esto elimina su afirmación de que el hambre en Alemania justifica su política de submarinos.”

El día siguiente, House almorzó con Sir Edward Grey y le leyó todos los telegramas que habían pasado entre el presidente, Gerard y él desde la última vez que se habían reunido. Y escribió el 30 de mayo de 1915, “He concluido que la guerra con Alemania es inevitable y esta tarde a las seis he decidido ir a casa el sábado en el S.S. St. Paul. Para tal efecto he escrito un telegrama al presidente.” Después de su llegada a Estados Unidos, le escribió al presidente desde Rosslyn, Long Island, el 16 de junio de 1915, una larga carta que incluía el párrafo:

No necesito decirle que si los Aliados no ganan, deberá necesariamente significar un giro de toda nuestra política.

Pienso que nos encontraremos yendo a la deriva en la guerra con Alemania… Lamentable como esto es, habrá compensaciones. La guerra terminará más rápido y nosotros estaremos en una posición fuerte para ayudar a las otras grandes democracias a llevar al mundo por los caminos correctos. Es algo que tendremos que enfrentar con fortaleza, siendo consolados por el pensamiento de que sin importar los sacrificios que hagamos, el fin los justificará. Afectuosamente suyo, E.M. House.

¿Están estas referencias relacionadas con el sionismo o con Palestina? Pienso que no. Probablemente la pista está en que inmediatamente después de la elección de Wilson, House anónimamente publicó un romance político titulado Philip Dru: Administrador. Dru lidera una revuelta y se convierte en dictador en Washington, donde formula una nueva constitución en Estados Unidos y produce una agrupación internacional o Liga de Poderes.

Veamos otra vez del otro lado del agua en 1916, un año después.

Cerca de un mes antes de la reunión de Malcolm con Sir Mark Sykes, Lloyd George dio una entrevista al presidente de la Asociación de Prensa Unida de Estados Unidos en la cual dijo “que Gran Bretaña sólo ahora había encontrado su paso en el esfuerzo de la guerra, y era justificable sospechar de cualquier sugerencia de que el presidente Wilson hubiera escogido este momento para “meterse” con una propuesta para detener la guerra antes de que nosotros pudiéramos lograr la victoria.”

“El mundo entero… debe saber que no puede haber interferencia del exterior en esta etapa. Gran Bretaña no pidió ninguna intervención cuando no estaba preparada para luchar. No tolerará ninguna (intervención) ahora que está preparada, hasta que el despotismo militar prusiano sea roto más allá de cualquier reparación… El lema de los Aliados era ‘¡Nunca más!‘” Y esto hizo que valieran los sacrificios hasta ahora así como los necesarios para terminar la guerra con una victoria. [184]

Grey le escribió el 29 de septiembre diciéndole que estaba nervioso respecto de las consecuencias “de la advertencia a Wilson en su entrevista… Siempre ha sido mi opinión que hasta que los Aliados estuvieran seguros de la victoria la puerta debería mantenerse abierta para la mediación de Wilson.”

Pero el mes siguiente, en una de las habituales reuniones formales con el Jefe de Personal Imperial, cuando Lloyd George recibía las preguntas comunes sobre el curso de la guerra- las pérdidas alemanas eran mayores que las de los Aliados, que los alemanes estaban poco a poco desgastándose, y que su moral estaba sacudida por las constantes derrotas y retiradas- le preguntó a Sir William Robertson su opinión sobre “cómo este sanguinario conflicto sería llevado a un final exitoso… Sólo balbuceó algo sobre ‘desgaste’.”

Lloyd George entonces pidió un memorándum sobre el tema. Este no era favorable y decía que un final no debía ser esperado “antes del verano de 1918. Cuánto tiempo pude pasar después ni siquiera puedo imaginar.”

Los hechos estaban lejos de ser prometedores, ¿pero las esperanzas de Gran Bretaña colgaban de un hilo por la entrada de Estados Unidos en la guerra? Había otros dos posibles caminos.

Uno fue sugerido por el Marqués de Landsdowne, un miembro del gabinete y estadista de considerable estatura como el autor de Entente Cordiale en 1904. Estaba contenido en un Memorándum respecto a un Acuerdo de Paz, circulado en el Gabinete con el consentimiento del Primer Ministro. Landsdowne insinuó dudas sobre la posibilidad de una victoria dentro de un razonable espacio de tiempo.

¿Qué significa la prolongación de la guerra? Nuestros propias bajas ya ascienden a más de 1,100,000. Hemos tenido 15,000 oficiales muertos, sin incluir lo que están desaparecidos. No hay razón para suponer que, mientras la fuerza en el frente en los diferentes teatros de guerra aumenta, las bajas aumentarán a un ritmo menor. Estamos matando lentamente pero de forma segura lo mejor de la población masculina de estas islas. No tengo frente a mí, las cantidades que representan las bajas de nuestros Aliados. El total debe ser desastroso. [185]

Los otros miembros del Gabinete y el Jefe de Personal repudiaron una paz sin victoria.

El otro camino fue el que se adoptó: meter más hombres y dinero en el holocausto (definido como sacrificio o destrucción al por mayor). Lo que ahora se llamaría una cumbre política y militar se celebró en Francia para planificarlo. Empezaron el 15 de noviembre de 1916.

En la presentación política, la única referencia a Estados Unidos parece haber sido ofrecida por Lloyd George:

Las dificultades que hemos experimentado por hacer los pagos de nuestras compras en el extranjero debe estar tan presente en la mente del estadista francés como en la nuestra. Nuestra dependencia de Estados Unidos está creciendo por alimentos, materia prima y municiones. Estamos agotando rápidamente los valores negociables en Estados Unidos. Si la victoria brillara en nuestras banderas, nuestras dificultades desaparecerían. [Asquith borró la siguiente oración, en la que se leía] Éxito significa crédito: los financieros nunca dudan en prestarle a una empresa próspera: pero los negocios que se arrastran en medio de grandes dificultades y que no tienen avances a pesar de los enormes gastos encontrarán gradualmente a los bancos cerrando los libros en su contra.

Esta referencia a los problemas de los Aliados de tener más créditos de los banqueros de Estados Unidos, que eran principalmente judíos alemanes, explica el acuerdo de Schiff de colocar créditos para Gran Bretaña a través de el banquero judíos Cassel -no estaban esperando por la Declaración Balfour, ¡estaban esperando la Revolución Rusa!

Del lado militar, había un acuerdo general en la conferencia cumbre de que lo que se necesitaba era un “golpe de gracia” y se había decidido que el plan de campaña de 1917 sería una ofensiva en todos los frentes, incluyendo Palestina, siendo el más importante el Frente occidental.

El 7 de diciembre  el gobierno de Asquith cayó y Lloyd George, que se había comprometido a un más vigoroso ejercicio de la guerra, tomó el gobierno. Cinco días después, Alemania y sus aliados presentaron notas en las que manifestaron su voluntad de considerar la paz mediante acuerdos y negociaciones.

La primera de las batallas abrió el 9 de abril de 1917, anunciada por un bombardeo de 2,700,000 proyectiles. Otro ataque fue lanzado por lo franceses nueve días después, estos resultaron en alrededor de un millón de muertos y heridos en ambos bandos. El ejército francés se amotinó y el general Petain fue puesto a cargo.

En este tiempo estaban produciéndose los dos eventos que torcerían al mundo en una nueva forma, la revolución rusa y la entrada de los Estados Unidos en la guerra.

El gobierno francés quería aplazar todas las operaciones ofensivas hasta que la ayuda estadounidense estuviese disponible, pero los generales pensaban distinto. El Mayor General J.F.C. Fuller, a quien conocí, uno de las pocas mentes brillantes política y militarmente, de este siglo, nos dice que Haig “había puesto su corazón en una batalla decisiva en Flandes y estaba tan obsesionado por ella que creía que podría vencer a los alemanes sin ayuda de nadie y antes de que los estadounidenses llegaran.” [186] No pienso que las personas que no vivieron los grandes días del Imperio Británico puedan entender la arrogancia de un Haig, a menos que uno lo tome de la literatura clásica. Tal vez hoy se podría encontrar en la cabeza del Banco Mundial, de la cual nosotros los contribuyentes, como los soldados comunes de ese tiempo, ¡estamos tan lejos! De hecho había resentimiento en la Inglaterra de mi niñez sobre los estadounidenses que afirmaban que habían jugado cualquier papel significativo en la lucha de la Gran Guerra.

El resultado de la grandiosidad de los generales y políticos fue la costosa campaña de Flandes del verano y otoño. El 7 de junio dio comienzo la limitada y exitosa Batalla de Messines, que fue precedida por diecisiete días de bombardeos de 3,500,000 de proyectiles e iniciada por la explosión de diecinueve minas llenas de un millón de libras de explosivos.

Al 31 de julio le siguió la Tercera Batalla de Ypres, para la cual fue congregada la más grande fuerza de artillería jamás vista en la historia de Gran Bretaña. En total, el bombardeo preliminar duró diecinueve días y durante ellos fueron arrojados 4,300,000 proyectiles, unas 107,000 toneladas de peso sobre el potencial campo de batalla. Toda su superficie estaba levantada; todos los drenajes y los diques, las alcantarillas y los caminos fueron destruidos y un casi infranqueable pantano fue creado, en el cual la infantería se revolcó por tres meses y medio. Cuando, el 10 de noviembre, terminó la batalla, los alemanes habían sido empujados a una profundidad máxima de cinco millas en un frente de diez millas a un costo de poco menos de 200,000 hombres para ellos y en la estimación más baja de 300,000 de su enemigo.

Así terminó la última de las grandes batallas de artillería de desgaste en el Frente Occidental, y cuando en retrospectiva son considerados, se comprende por qué los políticos estaban tan impacientes por evitarlos.

La Gran Guerra fue como un versión grandemente magnificada de la destrucción mutua de los hombres nobles en el Niebelungenlied (Nibelungo). Puestos unos contra otros por vanidad y la falta de visión de sus dirigentes, mientras más peleaban más había por vengar hasta que la muerte los liberara de su necesidad. “Al bajar el sol y por la mañana,” nosotros debíamos aprender su lección.

¿Obligación de Gran Bretaña?

En un memorándum marcado con su propia escritura como “Privado y Confidencial” a Lord Peel y a otros miembros de la Comisión Real sobre Palestina en 1936, James Malcolm escribió:

Siempre he estado convencido que hasta que la cuestión judía se solucionara más o menos satisfactoriamente no podría haber una paz real o permanente en el mundo y que la solución estaba en Palestina. Esta era una de la dos principales consideraciones que me movieron, en el otoño de 1916, a iniciar las negociaciones que eventualmente llevaron a la Declaración Balfour y al Mandato Británico para Palestina. La otra, por supuesto, era llevar a Estados Unidos a la guerra.

Por generaciones tanto judíos como gentiles han supuesto por error que la causa del anti semitismo era en principio religiosa. Ciertamente, los judíos en la esperanza de obtener alivio de la intolerancia, se involucraron en la intensiva y subversiva propagación de doctrinas materialistas productivas del “Liberalismo,” socialismo y de lo irreligioso, resultando en la descristianización. Por otro lado, mientras más materialistas se volvieron los gentiles, más conscientes se hicieron inconscientemente de la causa del antisemitismo, que en el fondo era, y permanece hasta el día de hoy, una principalmente económica. Un escritor francés – Vicomte de Poncins – ha observado que en algún sentido el antisemitismo es en gran parte una forma de autodefensa en contra de la agresión económica judía. En mi opinión, sin embargo, ni los judíos ni los gentiles son los únicos responsables de esto.

Como ya he dicho, tuve un papel en el inicio de las negociaciones a principios del otoño de 1916 entre los gobiernos británico y francés y los líderes sionistas, lo que llevó a la Declaración Balfour y al Mandato Británico de Palestina.

El primer propósito, por supuesto, era captar la muy considerable y necesaria influencia de los judíos y especialmente de los sionistas o judíos nacionalistas para ayudarnos a llevar a Estados Unidos a la guerra en el periodo más crítico de las hostilidades. Esto fue públicamente reconocido por el sr. Lloyd George durante un reciente debate en la Cámara de los Comunes.

Nuestro segundo propósito era permitir e inducir a los judíos de todo el mundo a considerar el trabajo constructivo como su campo propio y apartarse de esquemas destructivos y subversivos los cuales, debido a su sentido general de inseguridad y falta de hogar, aún en periodos previos a la Revolución Francesa, han provocado tantos problemas e inquietud en varios países, hasta su creciente violencia culminó en la Tercera Internacional (conocida también como la Internacional Comunista) y en la Revolución Comunista Rusa. Pero para alcanzar este fin era necesario prometerles Palestina en consideración de su ayuda, como ya expliqué, y no como simple experimento o empresa humanitaria como se presenta en varios sectores.

No es de extrañar que Weizmann no se refiriera a Malcolm en su autobiografía y Sokolow en privado estuviera resentido con Malcolm “como un extraño en el centro de nuestro trabajo,” que estaba “dotado de un espíritu de tipo goyish.” [187]

También vale la pena notar que en la página siete de su memorándum Malcolm citó al General Ludendorff, antiguo Intendente General del Ejército Alemán y tal vez al menos recordado por encabezar un fracasado golpe en Munich en 1923, diciendo que la Declaración Balfour era “la cosa más inteligente hecha por los Aliados con respecto a la propaganda y que deseaba que Alemania lo hubiera pensado primero.”

Por otro lado, ¿podría no haber proporcionado cierto frío consuelo a Ludendorff creer que los judíos sionistas eran un factor importante en el resultado de la guerra – si eso es lo que está insinuando?

La creencia de Malcolm de que la Declaración Balfour era un medio de llevar a los Estados Unidos a la guerra fue confirmada por Samuel Landman, secretario de los líderes sionistas Weizmann y Sokolow y después secretario de la Organización sionista mundial. Como

la única manera (que resultó ser así) de inducir al presidente estadounidense de venir a la guerra era asegurar la cooperación de los judíos sionistas al prometerles Palestina y así captar y movilizar la hasta ahora insospechada poderosa fuerza de los judíos sionistas en Estados Unidos y en otros sitios en favor de los Aliados en base de reciprocidad por contrato. Así, como veremos, los sionistas han cumplido con su parte y han ayudado enormemente al traer a Estados Unidos dentro, la Declaración Balfour de 1917 no fue sino la confirmación pública del acuerdo entre “caballeros” necesariamente secreto de 1916, hecho con el previo conocimiento, conformidad y la aprobación de los árabes, de los británicos, de los franceses y de otros gobiernos aliados y no simplemente un voluntario, altruista y romántico gesto por parte de Gran Bretaña como ciertas personas ya sea por una perdonable ignorancia suponen o imperdonable mala voluntad describirían o más bien tergiversarían… [188]

Hablando en la Cámara de los Comunes el 4 de julio de 1922, Winston Churchill preguntó retóricamente,

¿Mantendremos nuestra promesa a los sionistas hecha en 1917…? Compromisos y promesas que se hicieron durante la guerra, y se hicieron, no sólo por los méritos, aunque creo que los méritos son considerables. Se hicieron porque se consideró que serían valiosos para nosotros en nuestra lucha para ganar la guerra. Se consideró que el apoyo que los judíos nos dieron a todos por el mundo y particularmente en los Estados Unidos y también en Rusia sería una evidente ventaja definitiva. No fui responsable en ese tiempo de dar esas promesas, ni por la conducción de la guerra de la cual ellos eran, cuando se ofrecía, una parte integral. Pero como otros miembros, yo apoyé la política del Gabinete de Guerra. Como otros miembros, acepté y estuve orgulloso de aceptar una participación en esas grandes transacciones, que nos dejaron con pérdidas terribles, con tremendas obligaciones, pero sin embargo con una incuestionable victoria.

Sin importar las notas de Hansard, un miembro, el sr. Gwynne, lastimeramente se quejó que “la Cámara todavía no ha tenido la oportunidad de discutirlo.”

Escribiendo al The Times el 2 de noviembre de 1949, Malcolm Thomson, el biógrafo oficial de Lloyd George, anotó que este era el treinta y dos aniversario de la Declaración Balfour y parecía una

ocasión oportuna para exponer brevemente ciertos hechos sobre su origen que han sido recientemente registrados incorrectamente.

Cuando escribía la biografía oficial de Lloyd George, pude estudiar los documentos originales relacionados con esta cuestión. De esto era claro que aunque ciertos miembros del Gabinete de 1916 y 1917 simpatizaban con las aspiraciones sionistas, los esfuerzos de los líderes sionistas para ganar cualquier promesa de apoyo del gobierno británico había resultado ser bastante ineficaz y el secreto acuerdo de Sykes-Picot con los franceses por la partición de esferas de interés en el Medio Oriente parecía condenar los objetivos sionistas. Sin embargo, se produjo un cambio de actitud por la iniciativa del sr. James A. Malcolm, quien presionó a Sir Mark Sykes, entonces subsecretario del Gabinete de Guerra, sobre la tesis de que una oferta aliada para recuperar Palestina para los judíos balancearía la muy poderosa influencia de los judíos estadounidenses de los alemanes al bando de los aliados incluyendo al juez Brandeis, el amigo y asesor del presidente Wilson. Sykes estaba interesado y por su solicitud Malcolm le presentó al dr. Weizmann y a los otros líderes sionistas y las negociaciones se abrieron lo que culminó en la Declaración Balfour.

Estos hechos han sido mencionados una u otra vez en varios libros y artículos y son expuestos por el dr. Adolf Boehm en su monumental historia del sionismo, “Die Zionistische Bewegung,” Vol. 1, p.656. Por tanto, me sorprendió encontrar que en la autobiografía del dr. Weizmann, “Juicio y Error”, no hace ninguna mención de la importante y crucial intervención del sr. Malcolm e incluso atribuye su propia presentación a Sir Mark Sykes al fallecido dr. Caster. Como los historiadores futuros puedan no extrañamente suponer que el reporte de Weizmann es auténtico, me he comunicado con el sr. Malcolm, quien no sólo confirmó el relato que he dado, sino que también tiene una carta que le escribió el dr. Weizmann el 5 de marzo de 1941, diciendo: “le interesará saber que hace algún tiempo tuve la oportunidad de escribirle al sr. Lloyd George acerca de su útil y oportuna iniciativa en 1916 para llevar a cabo las negociaciones entre mi persona y mis colegas sionistas y el sir Mark Sykes y otros sobre Palestina y el apoyo sionista a la causa de los aliados en Estados Unidos y otras partes.”

Sin duda una complejidad de razones están detrás de la Declaración Balfour, incluyendo consideraciones estratégicas y diplomáticas y, por parte de Balfour, Lloyd George y Smuts, una simpatía genuina con las aspiraciones sionistas. Pero el factor determinante fue la intervención del sr. Malcolm con su plan para comprometer alguna de estas concesiones al apoyo de los sionistas estadounidenses para la causa aliada en la primera guerra mundial.

Suyo, & c.,

MALCOLM THOMSON

De acuerdo a las Memoirs of the Peace Conference (Memorias de la Conferencia de Paz) de Lloyd George, como se había planeado muchos años antes, los sionistas estaban fuertemente representados,

No hay mejor prueba del valor de la Declaración Balfour como un movimiento militar que el hecho de que Alemania entrara a las negociaciones con Turquía en un intento para brindar un plan alternativo que atrajera a los sionistas. Se formó una sociedad judía alemana, la V.J.O.D., [HH] y en enero de 1918, Talaat, el Gran Visir turco, por instigación de los alemanes, dio vagas promesas de legislación por medio de las cuales “todos los deseos justificables de los judíos en Palestina serán capaces de satisfacer su cumplimiento.”

Otra razón más convincente para la adopción por los Aliados de la política de la Declaración descansa en el mismo estado de Rusia. Los judíos rusos habían estado secretamente activos en nombre de las potencias Centrales desde el principio; se habían convertido en agentes líderes de la propaganda pacifista alemana en Rusia; para 1917 habían hecho mucho preparando para esa desintegración general de la sociedad rusa, reconocida después como la Revolución. Se creía que si Gran Bretaña se declaraba por el cumplimiento de las aspiraciones sionistas en Palestina bajo su propia promesa, un efecto sería llevar a los judíos de Rusia a la causa de la Entente.

También se creía que tal declaración tendría una poderosa influencia sobre los judíos en todo el mundo fuera de Rusia y aseguraría para la Entente la ayuda de los intereses financieros judíos. En Estados Unidos su ayuda en este sentido tendría un valor especial cuando los Aliados hubieran casi agotado el oro y los valores negociables disponibles para las compras estadounidenses. Tales eran las principales consideraciones que, en 1917, llevaron al gobierno británico hacia el contacto con los judíos. [189]

En cuanto a tener el apoyo de los judíos rusos, los propósitos de Trotsky eran derrotar al gobierno provisional y llevar la guerra imperialista hacia una guerra internacional revolucionaria. En noviembre de 1917 el primer propósito fue cumplido. Factores militares esencialmente influenciaron a Lenin a firmar un tratado de paz en Brest-Litovsk en 1918.

Los simpatizantes sionistas Churchill y George parecían nunca desaprovechar la oportunidad de decirle al pueblo británico que tenían la obligación de apoyar a los sionistas.

¿Pero qué habían hecho los sionistas por Gran Bretaña?

¿Dónde estaban los documentos?

“Calculado sólo por los intereses británicos” escribió la historiadora de Oxford Elizabeth Monroe en 1963, la Declaración Balfour “¡fue uno de los más grandes errores en nuestra historia imperial!”

Los sionistas tenían la tradición Herzliana – así lo llamó ella- de promesas, “promesas”. El crédito considerable para la diplomacia que originó el hogar nacional judío debe ir para Wiezmann. Un funcionario británico que tuvo contacto con él resumió su método diplomático con las siguientes palabras:

Cuando comenzó (la Primera Guerra Mundial), su causa era difícilmente conocida para el principal estadista de los vencedores. Tenía muchos enemigos y algunos de los más formidables estaban entre los colocados en los más altos lugares de su propio pueblo… Una vez me dijo que se habían llevado a cabo 2,000 entrevistas para hacer la Declaración Balfour. Con habilidad infalible adaptaba sus argumentos a las circunstancias especiales de cada estadista. Con los británicos y los estadounidenses podía usar lenguaje bíblico y despertar un profundo matiz emocional; con otras nacionalidades hablaba con más frecuencia en términos de intereses. A Lloyd George se le dijo que Palestina era un pequeño país montañoso no muy diferente de Gales; con Lord Balfour se podía estudiar el fondo filosófico del sionismo; para Lord Cecil el problema era el establecimiento de una nueva organización mundial; mientras que para Lord Milner la extensión del poder imperial podía ser vívidamente retratada. A mí, que traté con estos asuntos como un oficial junior del Personal General, trajo de muchas fuentes todas las evidencias que podían ser obtenidas sobre la importancia de un hogar nacional judío para la posición estratégica del Imperio Británico, pero siempre indicaba con cientos de tonalidades e inflexiones de voz que creía que yo también podía apreciar mejor que mis superiores otros argumentos más sutiles y recónditos. [190]



[HH] Vereinigung Jüdischer Organisationen in Deutschland zur Wahrung der Rechte des Osten. (Alianza de la Organización Judía de Alemania para la Salvaguarda de los Derechos del Oriente.)



[182] Claude Kitchen and the Wilson War Policies, 1937, reeditado en 1971, Russel.

[183] Knightley, Phillip, The First Casualty (N.Y.: Harcourt Brace, 1975), p. 122.
[184] War Memoirs of David Lloyd George (Boston: Little, Brown, 1933), pp. 280-3.
[185] War Memoirs, p.291.
[186] The Conduct of War, J.F.C. Fuller (New Brunswick: Rutgers, 1961), p.171
[187] Traducción del ruso en Stein, The Balfour Declaration, p. 395.
[188] Great Britain, the Jews and Palestine (Londres, 1936), pp. 4-5, Prensa Nuevos Sionistas.
[189] George, Memoirs of the Peace Conference, p. 726.
[190] Taylor, Prelude to Israel, p.24.