Operación Escudo (borde) Protector

El caso de crímenes de guerra en contra de los líderes de israel

Artículo de MERIP                                                     Trad. Pamagal

por Michael Thomas | publicado el 26 de octubre de 2015

Por 51 días en julio y agosto de 2014, israel dirigió una operación militar en Gaza conocida como Escudo Protector. Fue la tercera gran operación en Gaza por las fuerzas armadas israelíes en siete años, y por mucho la más letal y destructiva. Unos 2,205 palestinos incluyendo 722 milicianos y más de 500 niños y 70 israelíes (64 de los cuales eran soldados) murieron. Miles de palestinos fueron heridos; más de 18,000 de sus hogares fueron destruidos; unos 47,000 fueron desplazados; grandes áreas de Gaza fueron devastadas.

Luego del desastre de Escudo Protector, una comisión designada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas investigó los hechos disponibles (israel se rehusó a cooperar) y encontró que en muchos casos podrían haber sido cometidos, crimenes de guerra. Varias ONGs han documentado lo que sugieren fueron crímenes de guerra; la fiscal general de la Corte Penal Internacional, CPI (ICC por sus siglas en inglés), ha abierto una investigación preliminar sobre los hechos que podría apoyar dichos cargos y garantizar una investigación formal. También el abogado general del ejército israelí ha abierto varias investigaciones, incluyendo algunas en contra de comandantes de unidad, y tiene cargos presentados en contra de individuos por saqueo y otras ofensas. Antes de iniciar procesos judiciales en contra de cualquier israelí relacionado al Escudo Protector, la fiscal general tendrá que abordar la cuestión de si tiene jurisdicción sobre las supuestas violaciones: si israel demuestra un verdadero sistema de investigación, acusando y castigando los crímenes de guerra relevantes, el caso no sería admisibles bajo el Estatuto de Roma que estableció la CPI en 2002.

Pero los posibles crímenes más importantes para investigar, desde la perspectiva legal y moral, no implican las decisiones de pilotos de combate aéreo o de jefes de escuadra para atacar determinados objetivos. Implican decisiones de los líderes políticos y militares de israel, que establecieron los objetivos estratégicos del conflicto y eligieron los medios y métodos a través de los cuales esos objetivos serían alcanzados. Si, como la evidencia disponible sugiere, esas elecciones políticas y estratégicas, basadas en una doctrina de hace mucho tiempo y una política declarada, autorizan y validan graves violaciones a la ley, la responsabilidad de las violaciones resultantes debería empezar con los líderes. Los crímenes de ese nivel no han sido, y es improbable que sean, efectivamente investigados y acusados por el ejército o cualquier otra autoridad israelí. Si no lo son, el CPI debería hacer valer su jurisdicción.

Dos de los principios básicos del derecho internacional humanitario (o el derecho de la guerra) son aquellos de distinción y proporcionalidad. La regla de distinción requiere que, en la extensión de lo posible, los comandantes y soldados ataquen solamente a combatientes y protegan a los no combatientes y a los que están eximidos del combate. La regla de proporcionalidad prohíbe ataques que pudieran causar la pérdida de vidas o lesiones a los civiles o daños a bienes civiles que sean excesivos en relación con la ventaja militar concreta y directa prevista.

Estas reglas han sido objeto de tratados internacionales desde antes de la Primera Guerra Mundial y han sido desde hace mucho tiempo derecho internacional consuetudinario vinculante para todos los beligerantes ya sea que hayan ratificado o no, los tratados que ellos replantean. La regla de proporcionalidad fue actualizada y reconocida en el Primer Protocolo Adicional a la Convención de Ginebra de 1949, que entró en vigor en 1977.

Varios estados (Australia, Bélgica, Canadá, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Holanda, Nueva Zelanda y España) presentaron documentos de interpretación con su adhesión al Primer Protocolo Adicional exponiendo su comprensión de la regla. Esas declaraciones de las que no hubo objeciones por ningún otro estado, definen “ventaja militar” para los propósitos de la regla, como cualquier ventaja “que se espera del ataque considerado en su conjunto y no sólo de partes aisladas o particulares del ataque.” El Estatuto de Roma autoriza a la CPI para que adopte esta interpretación haciendo referencia a la ventaja milital “global” anticipada. La ventaja militar global de una operación es algo que sólo puede ser juzgado por aquellos que imponen la política. Usando este enfoque de alguna manera se amplía el alcance de las ventajas militares que pueden ser tenidas en cuenta, pero también presenta problemas en cuanto a la conveniencia de los objetivos fijados a nivel político y estratégico.

Una líder militar experta está de acuerdo con este enfoque general. Pnina Sharvit Baruch, una coronel retirada que es ahora investigadora senior del Instituto para Estudios de Seguridad (INSS) en Tel Aviv, trabajó como jefa de la división de derecho internacional de la oficina del abogado general y asesoró a los militares israelíes en cuestiones del derecho de guerra durante la Operación Plomo Fundido, el bombardeo y la incursión en Gaza de 2008-2009. En una reunión informativa para visitar a los estadounidenses en septiembre de 2014, dijo que la regla de proporcionalidad requiere equilibrar el riesgo de muerte y destrucción civil en contra de la ventaja militar de la operación global. Explicó que el objetivo general de Escudo Protector era detener los lanzamientos de cohetes de los militantes de Hamas contra israel destruyendo su voluntad, haciéndoles ver que el precio que pagarían excedía el valor de proteger su capacidad para llevar a cabo operaciones contra israel. Si esta formulación se lee como limitada a tener como blanco a los combatientes armados y a los objetos usados en los ataques beligerantes, entonces no viola los principios del derecho humanitario internacional.

Sin embargo, los líderes israelíes han enmarcado los objetivos generales de Escudo Protector y otras incursiones en Gaza en términos mucho más amplios y siniestros. Escudo Protector, como cualquier otro combate militar, tiene un contexto político. Sus objetivos fueron tanto políticos como militares y estaban basados en parte en suposiciones sobre quién y qué era el “enemigo”. Hay fuerte evidencia de que la suposición por líderes políticos e importantes comandantes era que todos los gazanos (e incluso, todos los palestinos) eran enemigos y que el objetivo político y estratégico era enseñarles a los gazanos que las acciones terroristas contra israel darían como resultado muchas muertes y lesiones y la destrucción de la infraestructura de Gaza, lo que requeriría una enorme reconstrucción. Al hacer esa suposición, elegir esos objetivos estratégicos y autorizar el uso de sistemas de armamento tan abrumadores e indiscriminados, los líderes israelíes hicieron casi inevitables los crímenes de guerra. Además, esas declaraciones no eran políticas nuevas, pero reflejaban la doctrina militar y los supuestos políticos desarrollados a lo largo de muchos años. Los comandantes llevaron a cabo la orientación política y sus propias doctrinas militares al elegir deliberadamente la fuerza desproporcionada y abrumadora en situaciones donde la ley demanda una cuidadosa distinción y protección de los civiles.

Los líderes políticos israelíes dieron una guía rígida a los comandantes y a las tropas. El ministro de defensa Moshe Ya’alon dijo en diciembre de 2013 que una operación en Gaza “tendría que dar a un duro golpe a Gaza y a las organizaciones que funcionan ahí, de alguna manera eso dañaría sus capacidades y cobraría un fuerte precio.” [1] A principios de 2012, durante los bombardeos en Gaza el viceprimer ministro Eli Yishai dijo, “Debemos echar a Gaza de regreso a la Edad Media, destruyendo toda la infraestructura incluyendo caminos y agua.” Moshe Feiglin, el portavoz adjunto de la Knesset y jefe de la facción Liderazgo Judío del partido Likud, presentó un plan de siete pasos para Gaza que incluía dar un sólo ultimátum “a la población enemiga,” definiendo a cualquiera que no se mudara de Gaza al Sinaí como el enemigo y destruyendo toda la infraestructura. Después de eliminar a todos los enemigos armados y tratando generosamente a los que deseaban salir, siguió diciendo, Gaza será habitada por judíos.[2]

La miembro de la Knesset Ayelet Shaked, quien se desempeña actualmente el cargo de ministra de justicia y por tanto se le ha encomendado supervisar la aplicación del estado de derecho, hizo lo que equivale a un llamado explícito para crímenes de guerra en Facebook poco antes del Escudo Protector. Dijo, en parte, “El pueblo palestino nos ha declarado la guerra y debemos responder con guerra… ¿Quién es el enemigo? El pueblo palestino… en las guerras el enemigo es usualmente toda la población, incluyendo sus ancianos y sus mujeres, sus ciudades y sus pueblos, sus propiedades y su infraestructura.” Las mujeres que dan a luz a “mártires” debían de seguir a sus hijos (estos, a sus tumbas). “De otra manera, más pequeñas serpientes se levantarán ahí.”

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Dahiya suburbio sureño de Beirut, atacado brutalmente por israel en 2006. Foto en Mondoweiss.

La doctrina militar israelí y la práctica ha equiparado, desde hace años, de manera similar la ubicación física o la identidad étnica con la condición de enemigo combatiente. El Mayor General Gadi Eizenkot comandó el Comando del Norte en 2006 durante la incursión israelí a Líbano. Cuando el ejército israelí recibió fuego de los suburbios del sur de Beirut conocidos como dahiya, la respuesta de las tropas bajo el comando de Eizenkot fue de arrasar totalmente el área de dahiya desde el aire con bombas de 2,00o libras (907.19 kg) y de manera similar, artillería masiva e indiscriminada. En 2008, Eizenkot dejó claro que los ataques sobre dahiya reflejaban de manera explícita la doctrina militar israelí: “Lo que pasó en el distrito de Dahiya en Beirut en 2006 pasará en cada poblado desde donde se le dispare a israel… Aplicaremos fuerza desproporcionada y causaremos gran daño y destrucción en el lugar. Desde nuestro punto de vista, esos no son poblados civiles, son bases militares… Esta no es una recomendación. Este es un plan. Y ha sido aprobado.” [3] El Mayor General Eizenkot fue subjefe de personal en el momento de Escudo Protector y desde entonces ha sido promovido a jefe de personal de las Fuerzas de Defensa Israelíes, FDI, (IDF por sus siglas en inglés).

Gabi Siboni, director del Programa de Asuntos Estratégicos y Militares en el Instituto para Estudios de Seguridad (INSS) y editor de la revista Asuntos Militares y Estratégicos, hizo una declaración más general del enfoque militar israelí sobre esta “doctrina Dahiya”, en octubre de 2008: “Con el estallido de las hostilidades, las FDI necesitan actuar de inmediato, firmemente y con fuerza desproporcionada a las acciones del enemigo y la amenaza que plantea. Tal respuesta busca provocar un daño e infligir castigo a tal extremo que demande un largo y costoso proceso de reconstrucción… Este enfoque es aplicable también a la Franja de Gaza… La FDI no debe esperar detener el fuego de cohetes y misiles en contra del frente interno israelí a través de ataques sobre los propios lanzadores sino por medio de la imposición de un alto al fuego sobre el enemigo.” [4]

En otras palabras, en lugar de tener como blanco específico a los combatientes y el armamento que actúan en su contra, los militares israelíes diseñarían sus operaciones para usar fuerza desproporcionada (y menos discriminatoria) de tal manera que castigue, destruya infraestructura y requiera de una extensa y costosa reconstrucción. Esto es, ciertamente, lo que se hizo en Gaza en 2014.

Cuando se cree que un soldado israelí ha sido capturado, el comandante puede invocar lo que se llama la “Directriz Aníbal,” que llama a una fuerza abrumadora usada para destruir el lugar donde el soldado puede estar detenido y las fuerzas que puedan estar deteniéndolo, sin considerar la probabilidad de matar al soldado en peligro. Tales ataques tienen la intención de ser asuntos “sin tabúes” y se lleva a cabo sin mucha consideración con los civiles presentes o sus bienes.

La Coronel Sharvit Baruch reconoce al menos algunos de los peligros que crean esas declaraciones políticas y doctrinas militares. Ha escrito que “los comandantes senior del FDI y el escalafón político – incluyendo ministros y funcionarios de alto nivel – deben evitar hacer declaraciones irresponsables que dañen la legitimidad de la nación. Declaraciones, por ejemplo, por políticos que insinúen que los civiles pueden ser objetivos intencionales aunque se pronuncien para complacer la opinión pública israelí, son susceptibles de erosionar la legitimidad de la nación y ‘probar’ que israel tiene intenciones nefastas.” Pide que todo el personal militar israelí, desde comandantes hasta el rango más bajo se ejerciten en las leyes de la guerra y que los comandantes refuercen continuamente el requisito de que se sigan las leyes.

Desafortunadamente, el derecho internacional humanitario no se enseña a los soldados israelíes. El documento guía de los militares sobre ética, el “Espíritu de la FDI,” exhorta a las tropas en general a altos estándares militares y proclama la deferencia a la vida y a la dignidad humana. Como me dijo un veterano, aun así, no hay entrenamiento en los estándares internacionales ahora aplicables universalmente como derecho consuetudinario. No hay profundización en las reglas de distinción o proporcionalidad. Además, los autores de las fórmulas del original “Espíritu de la FDI” han exigido en varios de los últimos años, nuevas fórmulas que explícitamente prioritizarían protección del personal israelí sobre los no combatientes que están bajo el control efectivo del ejército israelí. Esa prioridad ha quedado sobreentendida en el documento anterior y en las prácticas de los militares; ahora será manifestada en un conjunto ordenado de prioridades.

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Dos chico caminan a lo largo de casas destrozadas en el norte de Gaza. Getty images. The independent.

La Coronel Sharvit Baruch lanza su consejo en términos de evitar daños a la legitimidad y credibilidad de israel. Lo que no reconoce explícitamente es que el liderazgo y el entrenamiento, cualquiera de los dos, puede prevenir los crímenes de guerra o puede hacerlos mucho más probables promoviendo actitudes hostiles o indiferentes a los difíciles y arriesgados deberes distinguiendo a unos combatientes de otros y equilibrando los beneficios militares en contra de las probables muertes de civiles y la destrucción.

El modelo existente de liderazgo, donde llamadas explícitas y a menudo sanguinarias a la fuerza desproporcionada son frecuentes y la educación en el derecho de la guerra está ausente, ha llevado a miles de muertes de civiles y destrucción masiva de hogares civiles, negocios e infraestructura. Tales resultados piden a gritos la investigación de posibles crímenes de guerra. Un ejemplo es el asalto en el distrito conocido como Shuja’iyya al este de la Ciudad de Gaza, el 19 y 20 de julio de 2014.

Shuja’iyya es una de las zonas de Gaza más densamente pobladas, es una de las áreas más llenas de personas en el mundo, con 92,000 personas apiñadas dentro de seis kilómetros cuadrados. (Esta densidad de población es más de tres veces la de Tel Aviv). El ejército israelí afirma que era una “fortaleza terrorista”, sustentada por una red de túneles y salpicada con más de dos docenas de casas de militantes de Hamas que contienen depósitos de armas ocultos; unos diez túneles fueron finalmente encontrados en el área y el ejército también denuncia que más de 140 cohetes fueron lanzados a las unidades israelíes desde esta área.

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Foto: Iyad al Baba/Oxfam – Shuja’iyya, julio de 2014

El ejército y la fuerza aérea israelí emite advertencias a los residentes de asaltos inminentes por medio de volantes, llamadas telefónicas, altavoces y advertencis en la radio. Después de volantes de advertencia el 16 de julio, los residentes se quedaron al principio, pero cerca de la mitad de ellos salieron a partir de que los bombardeos aumentaron. El problema para los residentes era que ahí no había un lugar seguro al que pudieran ir. Un 44  por ciento de Gaza fue declarado zona de riesgo por el ejército israelí o era sujeta a advertencias de evacuación. La Ciudad de Gaza, incluso las escuelas o las clínicas ahí dentro, no prometían seguridad. Algunos residentes, incluyendo ancianos y débiles, no podían moverse libremente.

El derecho de la guerra es claro: Las advertencias deben darse cuando sea factible, pero los no combatientes que no pueden o no evacúan no son por lo tanto despojados de su estatus de protección. Este último punto está ausente en muchos de los comandantes israelíes, uno de los cuales escribió en el periódico Ground Forces Journal, “Cuando les enseño a las personas a pelear en una guerra, la población civil no se supone que esté ahí, y si está, la persuado a mantenerse lejos. La seguridad en tiempos de paz, los soldados están de pie frente a la población civil, pero en tiempos de guerra, no hay población civil, sólo el enemigo.” [5] Asa Kasher, uno de los autores del “Espíritu de las Fuerzas de Defensa Israelíes”, escribió que cuando los civiles se quedan después de advertencias, es justo suponer que se quedaron para ayudar a los terroristas, y sería indebido en ese momento enviar soldados a clasificar a los combatientes de los no combatientes. Kasher está intentando reescribir el derecho de la guerra.

El 19 y el 20 de julio, los militantes de Hamas mataron a 13 soldados israelíes en Shuja’iyya, incluyendo a siete en un vehículo destruido por un dispositivo explosivo improvisado. Se teme que uno o más soldados hayan sido capturados. La respuesta de Golani, Givat con sus  brigadas de paracaidistas y las unidades de apoyo de artillería y aviación fue violenta. De acuerdo a fuentes militares estadounidenses, once batallones de artillería llevaron 258 o más piezas de artillería, disparando más de 7,000 proyectiles en esta área entre el 19 y el 20 de julio. El ejército israelí le dijo a Ha’aetz que 600 rondas de artillería fueron disparadas en contra de Shuja’iyya en menos de una hora el 20 de julio en un intento de sacar de ahí a las tropas bajo fuego. Más de cien bombas de 1,000 libras también fueron soltadas en el área. Generales estadounidenses que analizaron la información de la operación Shuja’iyya dijeron que el fuego masivo de artillería en esa pequeña área era equivalente a lo que el ejército de EU usaría para apoyar a cuerpos de varias divisiones del ejército (algo más de 40,000 efectivos), y que era “masiva,” “mortal” y “absolutamente desproporcionada”.

La artillería es un sistema de armamento “estadístico”, lo que significa que no es tan preciso. La mayoría de la artillería israelí es estadounidense, ya sea obuses de 155 mm o cañones pesados de 175 mm. Los obuses de 155 mm tiene un radio letal desde el punto de impacto de 50 a 150 metros, un radio de mortandad de 100 a 300 metros y un radio de error de 50 metros; estos números indican que las personas pueden ser asesinadas a 200 metros del punto de mira, y pueden ser heridos a 350 metros de ese punto. Actualmente las reglas del ejército israelí permiten elegir como blanco (objetivo) para las armas de 155 mm a objetos o personas a 100 metros de viviendas civiles – pero requieren que el blanco (objetivo) esté a 250 metros de cualquier fuerza israelí. (El ejército israelí informó a Ha’aretz que las distancias de seguridad fueron considerablemente reducidas en Shuja’iyya.) La capacidad destructiva de las armas de 175 mm y de las bombas de 1,000 y de 2,000 libras es mucho mayor y la capacidad de distinguir un blanco en un área densamente poblada es menor. La comisión de las Naciones Unidas expresó repetidamente sus dudas de que hubiera alguna manera de que pudieran ser usadas esas armas en zonas urbanas densamente pobladas de conformidad con el derecho de guerra.

En el evento, el proceso de seleccionar un objetivo no parece haber involucrado una selección cuidadosa de los verdaderos objetivos militares. Soldados que estuvieron en el combate dijeron a Breaking the Silence [Rompiendo el silencio] (una organización de militares veteranos establecida para dar información al público israelí acerca de la realidad de la ocupación) que un oficial senior “sólo señalaba casas en una foto aérea de Shuja’iyya para derribarlas” sin determinar que los militantes de Hamas estuvieran presentes o que se hubiera recibido fuego de ellos. Este informe es consistente con la “Doctrina Dalhiya” – fuerza aplastante y apabullante en contra de una zona desde donde se recibe fuego – y también de la “directriz Aníbal”- fuerza apabullante e indiscriminada para evitar que un soldado sea capturado con vida. Es incompatible con la base de los principios del derecho humanitario internacional.

El resultado, de acuerdo a UNOSAT, unidad de imágenes por satélite y cartografía de las Naciones Unidas, fue que Shuja’iyya se convirtió en una “zona arrasada”, donde 670 edificios fueron totalmente destruidos, 608 fueron severamente dañados y 576 fueron medianamente dañados. Sorprendentemente, de alguna manera, la mejor estimación es que “sólo” 55 civiles fueron asesinados en Shuja’iyya del 19 al 20 de julio, pero 19 de ellos eran niños y 14 mujeres.

Shuja’iyya fue un terrible ejemplo de lo que puede pasar dadas las suposiciones, la dirección política y la doctrina militar que enmarcan el conflicto en Gaza. Pero no fue de ninguna manera el único. El 1º de agosto en Rafah, la “directriz Aníbal” fue invocada cuando se perdió un teniente israelí. El ejército y la fuerza aérea le pegaron a Rafah con 100 rondas de artillería y alrededor de 40 bombas en tres horas y tanques y buldocers arrasaron

con docenas de hogares. Cien palestinos fueron asesinados ese día en Rafah, de los cuales 75 eran civiles (24 niños y 18 mujeres entre ellos). La comisión de las Naciones Unidas encontró que la operación fue conducida “en total desconsideración a los impactos en la población civil”. Un ejemplo adicional: Justo antes del cese al fuego que suspendía las operaciones militares israelíes, ataques de F-16 usaron bombas de 2, 000 libras para destruir edificios de varios pisos en las zonas más densas de Gaza. Una bomba de 2,000 libras causa cráteres de 15 metros de ancho y 11 metros de profundidad, expulsan fragmentos letales a 365 metros y pueden derribar una gran altura.

Le pregunté a la Coronel Sharvit Baruch acerca de Shuja’iyya dado que se han abierto investigaciones sólo contra personal militar israelí de bajo rango. Si los hechos de Shuja’iyya se sucedieron como ha sido reportado, ¿no deberían abrirse investigaciones de posibles violaciones por comandantes superiores y legisladores? Dijo que espera que las investigaciones lleguen hasta donde sea necesario, incluyendo las acciones de oficiales superiores, para determinar si el problema fueron las órdenes dadas o la implementación de esas órdenes.

Esa fue una buena respuesta un mes después de que terminara Escudo Protector. Un año ha pasado, sin embargo, y sin sorpresa, ninguna investigación ha sido iniciada por las autoridades israelíes con el objeto de los asuntos descritos en este artículo. Parece fantasioso suponer que acusaciones a altos oficiales por crímenes de guerra serán llevados por el fiscal general israelí o cualquier autoridad civil israelí en cualquier evento. Cualquier investigación y acusaciones resultantes tendrían que ser emprendidas por la Corte Penal Internacional. Esto también puede ser difícil políticamente sino imposible, ya que los Estados Unidos e israel se esforzarían por evitarlo.

El derecho internacional humanitario, sin embargo, es en gran parte el producto de la repugnancia del mundo moderno por los excesos criminales e inmorales en las guerras de los últimos 150 años. Militares superiores y líderes políticos fueron juzgados después de la 2ª Guerra Mundial y después las más recientes guerras de los Balcanes y de África. Se dice que israel es un estado excepcional. Pero cuando sus líderes actúan en violación de las normas legales y morales establecidas, ninguna excepción debería hacerse, ningún permiso dado.

[1] Times of Israel, 31 de diciembre de 2013.
[2] Arutz Sheva, 15 de julio de 2014.
[3] Ynet, 31 de octubre de 2008.
[4] Gabi Siboni, “Disproportionate Force: Israel’s Concept of Response in Light of the Second Lebanon War,” INSS Insight 74, 2 de octubre de 2008.
[5] Citado en el Informe de la Comisión de Investigación Independiente de conformidad con la Resolución del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, S-21/1, p. 69.

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