Las religiones judías y la perspectiva de disentir

Artículo original en Gilad Atzmon

por Gilad Atzmon                                                                                     Trad. Pamagal

“La religión judía es una religión de Mitzvoth (mandamientos) y sin este lenguaje religioso, la religión judía no existe en absoluto.” Profesor Yeshayahu Leibowitz

Mientras el islam y el cristianismo pueden ser fácilmente entendidos como sistemas de creencias, el judaísmo en realidad desafía toda la noción de creencia. El judaísmo es un sistema regulado de obediencia. El universo judaico está regido por el ‘mitzvoth’ (mandamiento), una colección de 613 preceptos y directivas ordenadas por Dios. En opsición al cristianismo y al islam que se desarrollan desde preceptos divinos y espirituales en la veneración a un Dios trascendental, el sujeto judaico se adhiere a una estricta observancia terrenal y material. Mientras que el islamo-cristianismo está envuelto en el amor y la espiritualidad de lo sublime y divino de Dios, el seguidor del judaísmo es juzgado por su habilidad para obedecer a cientos de órdenes rigurosamente terrenales.

Un rápido vistazo al Sabath judío de oración común revela la naturaleza del judaísmo como un sistema regulado de obediencia. Como podemos ver, más abajo, en el judaísmo aún el amoroso Dios no es un acto involuntario:

Amarás a Adonai tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Toma tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Toma en serio estas instrucciones con las cuales te obligo este día.

…Así te acordarás de observar todos mis mandamientos y ser sagrado a tu Dios. Yo soy Adonai, tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto para ser tu Dios. Yo soy Adonai, tu Dios.”

(Rezos comunes para la tarde del sabath del Deuteronomio y Números)

Para el judío, la creencia y el Dios amoroso no están sujetos a la discreción racional o al impulso espiritual. El Dios amoroso, como se lee arriba, es una estricta “obligación”, una orden. Pero si el judaismo no es un sistema de creencias, ¿qué clase de sistema es? ¿El judío cree en algo en absoluto?

La respuesta es sí: el judío cree en ‘Los Judíos’ y los judíos creen en ‘El Judío’. Esta manera de afirmación recíproca establece un continuo sólido y efectivo que sirve tanto a la colectividad como al sujeto singular. Por lo tanto, el sujeto se adhiere a la colectividad y viceversa. En términos pragmáticos, el judío se pega al ‘pueblo elegido’ y, juntos los ‘elegidos’ mantienen una sensación colectiva de elegimiento.

En el judaísmo, el ‘elegimiento’ es la creencia de que el pueblo judío fue particularmente escogido para entrar en una alianza con Dios. Para los judíos religiosos, el ser elegido se toma como un deber. De acuerdo con la creencia judaica, los judíos fueron puestos en la tierra para cumplir un propósito determinado. Este propósito se otorga a los judíos y lo pasan de padres a hijos. [1]

En la realidad, los primeros judíos inventaron un Dios que los escogió sobre cualquier otro pueblo. Por alguna razón este Dios es ocasionalmente cruel, a menudo no tiene ética y como si esto no fuera suficiente, no es precisamente un padre agradable. El Dios judío ni siquiera permite a su pueblo llamarlo por su nombre. Uno se podría preguntar qué llevó a los primeros judíos a inventar tan horrenda figura paterna. Más aún, uno se podría cuestionar qué llevó a los judíos a mantener su ‘relación’ con tan ofensivo padre. La respuesta es sorpresivamente simple. No lo hacen.

Los judíos no creen en Dios, tienen una observancia de Dios. Ellos creen en sí mismos – los judíos creen en ‘el judío’ y viceversa. Dentro de este asunto familiar con problemas peculiares, el judío tiene la libertad de botar (abandonar) a Dios, como un autor puede libremente  re-escribir o al menos volver a moldear su propia narrativa. Pero un judío nunca puede abandonar a los judíos tanto como los judíos no pueden permitir que ‘el judío’se libere. Y qué acerca de Dios, ¿se puede emancipar, puede escoger otro pueblo? Claro que no. A diferencia del judío que tiene libertad para abandonar a Dios mientras se aferra a una identidad judía, el Dios judío es simplemente un protagonista judío, no puede ir a ninguna parte, se ha quedado atascado con “su” pueblo elegido para siempre.

El elegimiento, parece, es difícilmente un regalo del cielo, es de hecho una maldición. Confina al judío a un reino de mandamientos auto impuestos y materialismo. En lugar de belleza, santidad y la búsqueda de lo divino y lo sublime, el judío rabínico se queda con un régimen de obediencia mundana que se sustenta en un rígido entorno tribal. ‘El judío’ y ‘los judíos’ están atados, en un conjunto de afirmaciones mutuas en el que Dios desempeña un papel decisivo.

Algunos pueden argumentar con razón que este increíble vínculo entre los judíos y el judío es esencial para un entendimiento de la dicotomía entre el judaismo tribal y el atractivo universal de las creencias islamo-cristianas.

La cruda intolerancia del judaico hacia el disentimiento sirve como un ejemplo de lo visto más arriba. A través de su historia, los judíos se han probado así mismos hostiles hacia sus inconformes; ahora estamos listos para comprender por qué. Para los islamo-cristianos, por ejemplo, la secularización implica un rechazo de un asunto trascendental. Pero para el sujeto rabínico judío, la falta de conformidad constituye un rechazo de los judíos. Interfiere toscamente con la frágil relación entre ‘el judío’ y ‘los judíos’. Destroza el mecanismo de auto afirmación. Mientras que en el caso del cristianismo y del islamismo abandonar a Dios sugiere dar la espalda a una lejana entidad sobrenatural, en el caso del judaismo, tal acto es interpretado como una desconfianza a la tribu.

Esta interpretación puede ayudar a iluminar el apuro de Jesús. Puede explicar el razonamiento detrás de la brutal Herem rabínica (excomunión) en contra de Spinoza y de Uriel da Costa y también explica porque el judío secular  y el llamado ‘progresista’ es igualmente odioso hacia los que disienten o a cualquier forma de crítica desde dentro. Si el judaismo no es un sistema de creencias sino un sistema regulado de obediencia, entonces la política de identidad judía es más que una extensión de la  filosofía reguladora anterior.

Los judíos a menudo abandonan a su Dios, sólo para inventar un Dios diferente que ‘facilita’ la suscripción a un nuevo sistema de regulación. El nuevo sistema, como el anterior, esboza un nuevo conjunto de estrictos mandamientos, un modo de hablar y los límites rigurosos de conducta ‘kosher’.

A principios del siglo 20, por ejemplo, el bolchevismo atrajo a muchos judíos europeos del este. Les daba un sentido de autocompromiso además de regular una forma estricta de obediencia. Como sabemos, no tomó mucho tiempo antes de que el bolchevismo madurara en una doctrina genocida que hace ver la barbarie del Viejo Testamento como un cuento de hadas infantil. El holocausto, que parece ser la religión judía más popular actualmente, puede ser la etapa final y definitiva en el desarrollo histórico judío. De acuerdo con la religión del holocausto, ‘Dios murió en Auschwitz’. Dentro del contexto de la religión del holocausto, ‘el judío’ es el nuevo Dios judío. La religión del holocausto finalmente ha unido al ‘judío’ y a los judíos en una completa autosuficiencia e independencia narrativa religiosa sin principios. Ambos estaban a punto de ser erradicados. Pero, no sólo ambos fueron salvados: han prevalecido y cada uno lo hizo en forma independiente. En la religión del holocausto, los judíos son tanto víctimas como opresores – han transformado la esclavitud en empoderamiento y todo lo hicieron solos, a pesar de ser abandonados por su Dios traidor. La religión del holocausto, como el judaismo, determina una manera de hablar y una serie estricta de mandamientos. Lo más crucial, como el más tradicional judaismo, es completa y escandalosamente intolerante hacia la disensión.

Debido a la falta de una entidad divina trascendental, las religiones judías siempre han visto la crítica como rechazo a la tribu. Las religiones judías, ya sea judaísmo, bolchevismo o el holocausto, son igualmente intolerantes a la crítica y la disensión. Las  religiones judías tratan a la oposición como un vil intento de ‘deslegitimación’ al borde de una inclinación genocida.

Las religiones judías pueden ser definidas como diferentes plantillas que facilitan un sentido de elegimiento. Confirman un vínculo entre un ‘colectivo’ imaginario marginal  y un arquetipo fantasmal: los bolcheviques y ‘el bolchevique’, el sobreviviente y los ‘sobrevivientes’, los judíos y ‘el judío’ y otros. El vínculo entre el colectivo y la idea de un  arquetipo de singularidad siempre se mantiene por un conjunto de preceptos rígidos, una forma correcta de expresarse, algunas pautas regulatorias estrictas para el comportamiento y la oposición vil a disentir.

Desgraciadamente, la intolerancia a la disensión se ha convertido en un síntoma político occidental universal. Casualmente, la cristiandad, el islam, la religión y la divinidad en general también están bajo ataque dentro del contexto del discuro contemporáneo occidental. ¿Es un síntoma de la Jerusalemnisación de nuestro universo occidental? ¿Es el surgimiento de la tiranía de la corrección política una coincidencia? Y si nos estamos convirtiendo en judíos, ¿hay algún lugar para la esperanza de que nuestro universo pueda, en alguna etapa, abrazar el ethos [2] universal otra vez? ¿Podemos volver a creer en algo otra vez? ¿O tendremos que esperar una nueva figura como Jesús que resucite nuestra confianza en el espíritu humano y en la humanidad en general? ¿O hemos sido rediseñados para auto destruirnos tan pronto como nos acerquemos a una conciencia lúcida?

[1] Como el mismo Dios sugiere en el Libro del Génesis: “Y yo (Dios) estableceré mi pacto entre mí y vosotros (los judíos) y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y sus descendientes Después de ti.” (Libro del Génesis, Capítulo 17).

[2] Conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad. (Real Academia Española)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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