5 Cámaras Rotas (5 Broken cameras)

“5 cámaras rotas” El documental que debería avergonzar a cada israelí decente

http://occupiedpalestine.wordpress.com/2012/10/09/full-movie-5-broken-cameras-the-documentary-that-should-make-every-decent-israeli-ashamed/

Judíos por la Justicia a Palestina – 8 de octubre 2012

El filme que muestra que la no violencia no es una opción para los palestinos

La película puede adquirirse en Amazon a partir del 15 de enero de 2013. Es importante verla e invitar a otros para que la vean.

Ningún momento de alivio en el documental de investigación de Emad Burnat y Guy Davidi “5 cámaras rotas”, que hace un recuento de la lucha en la aldea palestina Bil’in dentro de la Ribera Occidental.

Por Gideon Levy de la revista Ha’aretz

5 de octubre, 2012

Los soldados llegan en la madrugada. Patean, rompen, destruyen. Fuerzan la entrada, despertando bruscamente a toda una casa y a sus habitantes, incluyendo a niños y bebés. Un oficial saca un detallado documento y declara: “esta casa es declarada una ‘zona militarmente cerrada’. Lee la orden – en hebreo y con voz fuerte – a la familia aún aturdida por el sueño y en piyamas.

Este joven completó exitosamente su curso de entrenamiento de oficiales. Tal vez cree, muy en el fondo, que alguien tiene que hacer este trabajo sucio. Y lee la orden únicamente para justificar porqué el padre de esta casa, Emad Burnat, tiene prohibido filmar el evento con su propia cámara de video.

No hay momentos de tregua o alivio en el documental de investigación de Emad Burnat y Guy Davidi, “5 cámaras rotas” que fue exhibido, entre otros lugares, en el Cine de Tel Aviv el pasado fin de semana después de recibir varios premios internacionales y haber sido visto en el Canal 8.

Este documental debería avergonzar a cualquier israelí decente, de ser israelí. Debería ser mostrado en clases de civismo y en clases de patrimonio. Los israelíes deberían saber, por fin, lo que se está haciendo en su nombre cada día y cada noche en este tiempo de aparente no terror. Aún en un poblado de la Ribera Occidental como Bil’in, que ha hecho de la no violencia su consigna.

Los soldados – los amigos de sus hijos y los hijos de sus amigos – irrumpen en las casas para secuestrar a niños pequeños, sospechosos de aventar piedras. No hay otra manera de describir esto. También arrestan a docenas de organizadores de la manifestación semanal en Bil’in. Y esto pasa cada noche.

He estado frecuentemente en este pueblo, en sus protestas y en sus funerales. Una o dos veces me he unido a las manifestaciones de los viernes contra el muro de la separación que fue construido en esta tierra para permitir el levantamiento de Modi’in Ilit y Kiryat Sefer en sus olivares. He respirado el gas lacrimógeno y el apestoso skunk gas (skunk=zorrillo; llamado así por el olor que se dispersa como llovizna desde un cañón de agua). He visto las balas de goma que hieren y a veces matan, y el violento comportamiento de los soldados y de la policía hacia los habitantes que se manifiestan.

Sin embargo, nada de lo que vi en este filme me escandalizó más que esas precipitadas visitas. Los edificios de departamentos de Modi’in Ilit se están comiendo al pueblo, así como el muro que fue construido aquí en sus tierras. Los pobladores decidieron embarcarse en una lucha por su propiedad y por su existencia. Con una mezcla de ingenuidad, determinación y coraje – y de vez en cuando alguna teatralidad exagerada – los residentes emprenden diversos trucos publicitarios con la ayuda de un puñado de israelíes y de voluntarios internacionales.

Esta lucha incluso tuvo una victoria parcial: El Tribunal Supremo de Justicia ordenó desmantelar el muro y reubicarlo en un lugar diferente. Aun el Tribunal Supremo, quien usualmente acepta de forma automática la posición de el establishment de seguridad, entendió que aquí se había cometido un crimen. Junto con Bil’in y, en gran parte, inspirados por él, más pueblos comenzaron a llevar a cabo una decidida lucha popular cada viernes –que continúa hasta estos días – contra el muro, a sólo media hora de camino de nuestras casas.

Este documental prueba que, para los locales, la realidad de la ocupación es que no hay tal cosa como la lucha no violenta. Para información de aquellos que predican la no violencia (de los palestinos): Los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel y la Policía fronteriza se aseguran de que se convierta en violenta. Sólo una piedra aventada, a pesar de las súplicas de los organizadores de la manifestación, es suficiente; sólo un altercado verbal será suficiente para abrir el arsenal de armas más avanzadas en el mundo – jalar el seguro, abrir el gas, la bala de goma y el gas skunk (zorrillo), y algunas veces el fuego vivo para cortar el sueño imposible de una lucha no violenta.

Cualquiera que vea este filme entiende que es muy difícil afrontar el muro, el proyecto de asentamientos (de judíos sionistas) y a los soldados(sionistas) – todos los cuales gritan “violencia”– y permanecer no violento. Casi imposible.

Cinco veces fueron destruidas las cámaras de Burnat. Tres veces por los soldados, una vez en un accidente de tráfico frente al muro de la separación y una vez por los violentos y ultra ortodoxos colonizadores – “la juventud de excelencia”, que irrumpe en las casas aun cuando el tribunal lo prohíbe. “Tu no tienes permiso de estar aquí”, dice un colonizador ultra ortodoxo a un poblador que trata de llegar a su tierra robada.

La verdad es que las cámaras de Burnat fueron dañadas muchas más veces; el filme representa sólo esos incidentes en los cuales el equipo fue inutilizado totalmente. Las partes arruinadas de las cámaras son desplegadas como evidencia.

Pero muchas veces algo más profundo ha sido roto aquí. La realidad ha sido rota por cámaras rotas. Estas cámaras documentan una realidad desconocida para la mayoría de los israelíes. Documentan un pedazo de vida, acerca de la cual, la mayoría de los israelíes prefieren estar inconcientes o no darse cuenta. Al hacerlo, también han probado que en un lugar donde el difícil y valeroso periodismo permanece, hay por lo menos valientes e impresionantes documentales. En un lugar donde difícilmente cualquier periodista permanece, hay importantes cineastas de documentales como Burnat y Davidi.

Después de que la vasta mayoría de los medios locales decidieran no reportar nada más sobre la ocupación, filmes como “5 cámaras rotas” (5 Broken Cameras), “La ley en estas partes” (The Law in These Parts) de Ra’anan Alexandrowicz y “Un día después de la Paz” (One Day After Peace) de Mir Laufer y Erez Laufer – todos cosecha de pocos meses atrás – están llenando el papel que los medios debían tener y lo hacen de manera excelente.

Cualquiera que algún día deseé conocer que estaba pasando aquí durante estas décadas malditas difícilmente encontrará lo que busca en los periódicos o en los archivos de la televisión. Lo encontrará en los archivos del cine documental, el cual está rescatando el honor de Israel.

“5 cámaras rotas” ya ha sido mostrado en muchos países, en festivales y en pantallas comerciales. Davidi y Burnat documentan la rutina de la ocupación. Las Fuerzas de Defensa Israelí y la Patrulla Fronteriza salen viéndose muy mal. Incluso con atenuación y con moderación, no se puede, sino describirlos, como soldados de caballería tormentosos.

La voz de Burnat que acompaña el filme, es una de las voces más moderadas que hayas escuchado respecto de la ocupación, sin demagogia y sin odio. Así es como son en la realidad. Ve a ver este filme y forma tus propias impresiones.

Ha habido otros filmes sobre Bil’in y aun cuando este es a pequeña escala, es extremadamente personal. La esposa de Burnat, que quiere alejarlo de la cámara y del peligro, y su pequeño hijo que ha crecido en esta realidad, protagonizan junto con los líderes de la lucha. Sólo hay una persona asesinada aquí: Bassem Abu-Rahma, un encantador joven, amado por los niños que lo llaman Elefante – la innecesaria víctima de un supuesto asesinato por un soldado en abril de 2009.

Sin embargo, es la rutina de la no mortalidad representada en la película lo que la hace tan atroz. Los rompe cámaras son los que rompen la ley y la democracia. El primer Ministro Benjamín Netanyahu quien ha cacareado al mundo sobre lo progresista que es Israel, no ha visto, aparentemente, este filme. De otra manera, no sería capaz de hablar acerca de progreso.

Cualquiera que se comporta de esta manera en su oscuro patio trasero no puede cacarear acerca de lo que pasa en su escaparate progresista, con toda esa alta tecnología y democracia. Cualquiera que sepa lo que está pasando en Bil’in y otros pueblos entiende que un Estado que se comporta de esta forma no puede ser considerado como democrático o progresista. Alguien debe hacer que Netanyahu vea este filme, sólo para que entienda.

Esta semana conduje hasta Bil’in con uno de los dos directores, Guy Davidi (Burnat estaba fuera en otro viaje en el extranjero). Davidi alguna vez vivió en el pueblo por varios meses, pero antes de nuestro viaje no había regresado por más de un año.

Aparentemente nada había cambiado. Un somnoliento pueblo palestino por la tarde. Sin embargo, una cosa era diferente: Una gran colina con árboles de olivo había sido liberada. En el lugar donde la valla de seguridad había estado, hay ahora sólo un sucio rastro. La barrera fue removida y la colina fue regresada a sus dueños. Los árboles de olivos están muriendo después de años de descuido, y la tierra está marcada por todos los trabajos que se hicieron ahí. Pero algo del territorio ha sido liberado.

La valla de seguridad ha sido reemplazada por un muro de concreto muy alto, pero este ha sido movido varios cientos de metros hacia el occidente. Detrás de él, las grúas continúan la construcción de Kiryat Sefer (conocido como Dvir). En el territorio liberado, se está construyendo un pequeño campo de juegos para los niños del pueblo. Sólo los remanentes de las llantas quemadas y docenas de proyectiles de latas de gas de la Fuerza de Defensa Israelí tiradas en el suelo por las manifestaciones que se realizan semanalmente, son testigos de que la lucha no ha terminado. No ha sido completamente exitosa. Pero si hubiera algo de justicia, lo habría sido.

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