Lágrimas de Gaza

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http://occupiedpalestine.wordpress.com/2011/07/24/tears-of-gaza-lest-our-tears-dry-up/

por Susan Abullhawa

“Lágrimas de Gaza” es un documental de Viveke Lokkeberg que debería ser visto por todos los estadounidenses, para que vean cómo gasta Israel nuestros impuestos. Cada europeo debería verlo para ver la verdadera cara de Israel. Debería ser visto por cada árabe, para renovar nuestra resolución de no dejar que una nación racista borre a Palestina y a sus niños del mapa y de la historia.

He leído las historia de Gaza después de que Israel lanzó su llamada “Operación Plomo Fundido”. He leído los reportes. Pensé que había llorado suficiente como para no llorar otra vez. Pero este filme me llegó al corazón, removiéndome todo haciendo que las lágrimas cayeran y cayeran y aquí estoy ahora, con un vacío, un hoyo en las tripas porque lanzaron bombas sobre niños dormidos, condujeron helicópteros que llovieron muerte y desfiguración de fósforo blanco sobre civiles aterrorizados apiñados en una escuela de la Naciones Unidas como refugio… y nadie está haciendo nada al respecto. Lágrimas de Gaza pone al desnudo las mentiras, los encubrimientos y la moral fracasada de Richard Goldstone. Te lleva al corazón del paisaje atormentado de Gaza para mostrar la verdad detrás de los cobardes y mentirosos titulares con palabras que describen la carnicería como una “incursión” o “autodefensa”. Este filme nos muestra estas verdades a través de los espíritus luminosos de los niños ¡No se la pueden perder!

La primera vez que oí de “Lágrimas de Gaza”, o “Gaza Traer”  título original en noruego, fue cuando Bernard Henri-Levi lanzó un ataque contra Lokkeberg y contra mí en los principales periódicos europeos. Nosotras estuvimos en contacto después de esto y finalmente tuve la oportunidad de ver el filme. Es un trabajo de tremenda importancia. Es bello y doloroso y honesto y devastador.

Vibeke Lokkeberg nos da los nombres, las caras y las historias de tres niños comunes en Gaza con espíritus extraordinarios. Primero nos enamoramos de Yehya, un chico de 12 años que quiere ser doctor para poder curar a las personas que sean baleadas por los israelíes. Lo vemos en un pequeño barco de motor, perdido en la magia de la niñez, mientras le enseñan a dirigir la embarcación. Sus bellos ojos y su radiante sonrisa durante estos momentos hacen que sus lágrimas sean más difíciles de soportar cuando habla sobre su muy querido padre. Es incomprensible y abrumador simplemente oir hablar de las pérdidas que siguen en su vida.

Hasta que conoces a Amira, de 14 años, y caminas a través de su mundo…

Amira es bella. Es la clase de belleza que guarda una pena inefable que no se ve muy a menudo en los jóvenes. Su vida, también, está estropeada por la muerte y destrucción y el desfiguramiento de su cuerpo por las municiones. Nos dice que quiere ser abogada para llevar a los israelíes al juzgado por los crímenes que han cometido. Entonces, recordando a su padre y a sus hermanos, admite que hubiera querido “irse con ellos”.

Como Amira, Rasmia está más allá de sus 11años. Los hablantes del árabe pueden detectar cosas acerca de ella que los no hablantes de árabe no perciben. Esto se debe en gran parte a la traducción; y esta es mi única crítica al filme. Cuando Rasmia pasa por lo que parece un trance, su madre nos dice en árabe que ella está “imaginando”. La traducción dice “memorizando”, lo que no tiene sentido y nos distrae de una importante sutileza. Su madre explica que Rasmia algunas veces “imagina” cosas de los ataques. Sospecho que muchos psicólogos siendo testigos de esas escenas y oyendo la explicación de la madre estarían de acuerdo en que la chica está experimentando flashbacks y exhibiendo claros signos del desorden de estrés postraumático.

Otro ejemplo donde la traducción errónea oscurece importantes matices es cuando Yehya nos está hablando acerca de perder a su padre. El está, de hecho, hablando en tercera persona: “cuando alguien pierde a su padre, es como que perdieron el mundo entero” etc. Pero sus palabras son traducidas como si fuera en primera persona:”cuando mi padre murió, es como si hubiera perdido el mundo entero.” La distinción puede no parecer importante, hasta que te das cuenta que el chico no puede hablar en primera persona sin venirse abajo. Es una tenue distinción, pero que hace que tu corazón se rompa aún más.

Y todos deberíamos permitir que nuestros corazones se rompan por Gaza. Es lo menos que podemos hacer. Escuchar a estos tres niños y pedir a otros que los escuchen es realmente lo mínimo que podemos hacer. Vibeke Lokkeberg nos ha dado un registro tremendamente importante de lo que ha pasado de diciembre 2009 a enero 2010; para que nadie pueda decir “yo no sabía”.

Para que no olvidemos, para que no dejemos que nuestras lágrimas sequen o nuestro coraje se apague y para que no dejemos que nuestro corazón sane antes de que Palestina sea libre, espero que este filme sea mostrado a través de todo el mundo, a lo largo de universidades, campus, comunidades, organizaciones y salas de estar en las casas. Toma esto no sólo como una reseña sino como una llamada a la acción.

Susan Abullhawa es autora de Mornings in Jenin (Bloomsbury 2010 y fundadora de Playgrounds for Palestine


 

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